La tripulación de la misión Artemis II completó con éxito la maniobra de encendido de propulsores necesaria para alinear su ingreso a la atmósfera terrestre. A las 14:53, la nave espacial Orion activó sus motores durante ocho segundos, logrando el cambio de velocidad preciso para dirigirse hacia el corredor de entrada sobre el Océano Pacífico.
Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen supervisaron la configuración de navegación espacial en la que representa la fase más peligrosa del viaje.
Tras recorrer más de un millón de kilómetros desde su despegue el pasado 1 de abril, los astronautas abandonaron las proximidades lunares para iniciar un descenso que pondrá a prueba el escudo térmico más avanzado construido hasta la fecha.
El desafío de la “bola de fuego”
El reingreso planetario comenzará formalmente a una altitud de 122.244 metros. En ese punto, Orion viajará a casi 35 veces la velocidad del sonido, generando una fricción atmosférica que elevará la temperatura exterior a niveles extremos. Este proceso provocará un silencio de comunicaciones de seis minutos debido a la acumulación de plasma alrededor de la cápsula.
Victor Glover, piloto de la misión, describió la experiencia técnica y psicológica como “montar una bola de fuego a través de la atmósfera”. Durante esta etapa, la tripulación soportará una fuerza de gravedad de hasta 3,9 G mientras la nave busca reducir su velocidad de forma drástica.