La Secretaría de Finanzas de la Nación realizó este martes una licitación de deuda clave en la que obtuvo USD 700 millones mediante la emisión de títulos en moneda extranjera. El equipo económico adjudicó USD 350 millones en el Bonar 2027 (AO27) y una cifra idéntica en el Bonar 2028 (AO28). Esta operación formó parte de una estrategia para acumular divisas ante los compromisos por USD 4.300 millones previstos para el primer tramo de 2026.
El Palacio de Hacienda decidió ampliar el cupo de emisión de estos instrumentos, que anteriormente tenían un límite de USD 150 millones por título. En esta ocasión, la tasa de corte para el bono a 2027 se ubicó en 5,16%, mientras que el título con vencimiento en 2028 alcanzó el 8,77%.
Ambos registros representaron una interrupción en la tendencia bajista de los costos financieros que el Tesoro había logrado en subastas previas, donde el AO27 había llegado a rendir un 5%.
Paralelamente, en el mercado de moneda local, el Gobierno nacional adjudicó 8,11 billones de pesos. Este monto permitió un “rollover” del 102,15% sobre los vencimientos de la jornada, lo que significó que el Tesoro no inyectó pesos excedentes a la economía.
La mayor parte de la colocación se concentró en las Letras Capitalizables (LECAP) con vencimiento en junio de 2026, las cuales captaron 4,94 billones de pesos a una tasa efectiva mensual del 2,10%.
Esta licitación mostró una marcada preferencia de la gestión por extender los plazos de la deuda hacia los años 2028 y 2029. Según analistas del sector privado, el Tesoro aprovechó el escenario para canjear obligaciones de corto plazo por instrumentos de mayor duración.
No obstante, algunos operadores del mercado señalaron cierta sorpresa ante el incremento del monto ofrecido, especialmente tras los recientes anuncios de financiamiento externo con organismos internacionales.
El ingreso de estos fondos se suma a los USD 1.431 millones obtenidos en colocaciones anteriores durante los últimos dos meses y medio. Con este resultado, el Poder Ejecutivo refuerza su posición de caja para afrontar los pagos a acreedores privados, aunque la suba marginal de las tasas de interés en dólares instaló un interrogante sobre el costo futuro del financiamiento soberano.