Postales de una Argentina en pausa
El contraste entre el espíritu festivo que Milei proyecta en el norte y la realidad local es absoluto. En los pasillos de la propia Casa Rosada, el clima está lejos de ser una celebración: los periodistas acreditados trabajan en salas sin calefacción y bajo un esquema de circulación restringida, mientras el Ejecutivo evalúa catalogarlos como “Personas Expuestas Políticamente” para auditar sus declaraciones juradas.
Hablando de declaraciones juradas, Milei prepara su agenda exterior en medio del silencio ensordecedor de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien sigue estirando los plazos legales para no mostrar sus bienes ante la Oficina Anticorrupción, acorralado por imputaciones federales de enriquecimiento ilícito y dádivas en los tribunales de Comodoro Py.
Tampoco habrá clima de festejo en Córdoba, donde las fuerzas de seguridad y los peritajes científicos viven horas críticas intentando descifrar el rompecabezas de la desaparición de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que mantiene en vilo al país, en una causa que hoy sumó allanamientos forzados y traslados de sospechosos de la casa del único detenido.
Pero los problemas terrenales de una Argentina en recesión, con internas feroces en el Gabinete y una sociedad golpeada por el ajuste, bien pueden esperar. Para Javier Milei, la prioridad absoluta del mes de julio será sentirse un ciudadano del mundo libre y festejar la independencia ajena, mientras la propia sigue atada a las metas fiscales de Washington.
Mientras tanto en la Argentina de a pie, a los ciudadanos solo les quedará juzgar desde la parada del colectivo, bien abrigados si al final Arturo Jauretche tenia razón cuando declaraba que: “si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende” y a cruzar los dedos para que el próximo tarifazo invernal no sea tan impiadoso.