“Squeeze” en el bolsillo: por qué las tarifas golpean el consumo de los argentinos

Un informe de Focus Market revela el impacto de la quita de subsidios en el presupuesto familiar. Mientras el salario RIPTE subió un 623% en tres años, servicios como el colectivo treparon más del 3.000%.

Estos números indican una recuperación parcial del ingreso real en el último año. Foto: NA.

Los hogares argentinos atraviesan un período complejo de “compresión del ingreso disponible” o squeeze en el bolsillo. Según un reciente informe de la consultora Focus Market, este fenómeno responde a un profundo reordenamiento de los precios relativos, donde aquellos gastos fijos esenciales que no se pueden eludir aumentan muy por encima de los ingresos salariales.

Tarifas vs. Salarios: una carrera desigual

Para entender la magnitud del ajuste, basta mirar la evolución de los últimos tres años. Mientras que el salario promedio formal (RIPTE) subió un 623% (pasando de $239.883 en marzo de 2023 a $1.734.357 en 2026), los servicios públicos se dispararon notablemente más arriba.

El boleto de colectivo lideró las subas con un incremento del 3.138%, seguido por el agua (2.236%) y el gas (1.930%). Una factura de luz promedio en el AMBA pasó de costar $3.664 en diciembre de 2023 a rondar los $42.887 en la actualidad.

El fin de los subsidios y la factura diferida

Esta corrección brusca responde directamente a la quita de la asistencia estatal. Damián Di Pace, director de Focus Market, explicó la raíz macroeconómica de esta encrucijada actual: “La reducción de subsidios nacionales implica, en el corto plazo, una compresión del ingreso disponible de las familias argentinas porque aumenta el peso de tarifas y servicios sobre el presupuesto mensual. Sin embargo, desde una mirada macroeconómica, corregir estos desequilibrios es necesario para ordenar las cuentas públicas”.

En 2023, el Estado destinaba el 2,3% del PBI a subsidiar energía y transporte, cubriendo la diferencia con emisión monetaria. En 2026, esa emisión es cero, lo que permitió proyectar un superávit primario del 1,5% del PBI y desacelerar la inflación general, aunque a costa de un impacto directo en el bolsillo diario.

Radiografía de un consumo que se reconfigura

Cuando las tarifas fijas absorben una porción mayoritaria de los ingresos, el consumo de bienes sufre las consecuencias. El dinero cambia de destino: lo que antes se gastaba en el supermercado, hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas. Como resultado, el índice de ventas en supermercados acumuló una caída real del 12,1% en los últimos tres años.

A su vez, la brecha de 245 puntos porcentuales entre la inflación general (875%) y la de precios regulados (1.120%) demuestra la pérdida del poder de compra del salario real en el camino.

Di Pace concluyó que “el principal desafío del ajuste de subsidios es su efecto sobre el consumo y el poder adquisitivo de los hogares… En ese sentido, el costo actual busca evitar una erosión todavía más profunda de los ingresos de los argentinos en el futuro”.

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