La investigación judicial por el homicidio de Diego Fernández Lima sumó una declaración clave que reconstruye la trama oculta detrás de su desaparición en julio de 1984. Un testigo reservado se presentó ante la fiscalía para detallar la violenta emboscada que terminó con la vida del adolescente. Los restos de la víctima habían sido encontrados en mayo de 2025 en una vivienda de Coghlan.
El móvil del crimen: Un hostigamiento escolar previo habría motivado la drástica represalia familiar.
El señuelo fatal: Utilizaron a una joven conocida por el menor para atraerlo hacia la propiedad.
Ocultamiento planificado: Enterraron el cuerpo en el jardín y construyeron un cantero de piedra para tapar la fosa.
Según la reconstrucción a cargo del fiscal Martín López Perrando, el trágico desenlace comenzó debido a un profundo conflicto en el ámbito escolar que escaló velozmente. El relato indica que el adolescente mantenía disputas con un compañero de colegio. Los investigadores sospechan que el padre de ese alumno habría sido el principal impulsor de la agresión física posterior.
La trampa de la seducción y el ataque en el baño
El plan criminal se ejecutó cuando los implicados utilizaron a una adolescente como señuelo afectivo para citar a Fernández Lima. La joven recibió al menor en la vivienda de la avenida Congreso al 3700 y lo acompañó al living. Tras un breve momento en el sillón, la entregadora lo invitó a pasar al baño, donde lo aguardaban los demás atacantes.
Al cruzar la puerta, la víctima recibió un primer impacto con arma blanca en el cuello, sufriendo una masiva pérdida de sangre. Inmediatamente se desató una feroz golpiza para reducirlo por completo y evitar cualquier intento de defensa. El relato judicial indica que una segunda puñalada certera en el torso terminó con la vida del estudiante de forma inmediata.
Posteriormente, el cuerpo fue trasladado hacia un pequeño cuarto ubicado en el sector trasero del terreno. En ese sitio, los autores materiales ocultaron el cadáver bajo tierra y armaron un cantero de piedras de 45 centímetros de altura para camuflar el suelo. Sobre esa estructura plantaron un árbol y la familia continuó su rutina diaria durante cuatro décadas.
Coincidencias forenses y el avance de la causa
Los datos aportados por este testigo anónimo coinciden plenamente con los peritajes científicos realizados sobre la osamenta recuperada. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) determinó que los restos presentaban lesiones traumáticas severas de carácter violento. Los antropólogos detectaron daños compatibles con un objeto cortopunzante en la cuarta costilla derecha y signos claros de desmembramiento.
La precisión del testimonio motivó al juzgado a ordenar nuevas tareas de excavación en el jardín de la casa de Cristian Graf. Los procedimientos contaron con efectivos de Gendarmería Nacional utilizando un georradar que había marcado anomalías severas en el terreno analizado. Sin embargo, las defensas técnicas informaron que no se rescataron nuevas piezas biológicas en las últimas horas.
A pesar del resultado negativo de las excavaciones, la Justicia fijó una prohibición absoluta de innovar sobre la propiedad por un plazo de 60 días para resguardar la escena. El objetivo primordial es profundizar la recolección de pruebas y lograr la identificación de la mujer que actuó como señuelo. La familia continúa aguardando el esclarecimiento de un misterio oculto por 42 años.