Pasión, hospitalidad y desafíos
El taproom de Astor, ubicado en calle 521 entre 2 y 3, funciona como “showroom” de la marca. “No es un lugar rentable para nosotros, pero no quiero vivir de eso. Yo quiero que allá la gente pueda tener una experiencia cervecera de nivel que yo he tenido viajando a Alemania, Bélgica”, dijo Lucas. La cervecería tiene un control estricto: limpieza química de canillas cada semana y un asesor para analizar la limpieza de cámaras y canillas.
“La birra es todo, viste, porque yo me dedico a eso y es mi vida, me apasiona”, afirmó Lucas, quien describe el taproom como “mi lugar en el mundo”. A pesar del reconocimiento, reconoce la dificultad del contexto: “Mayo y junio son meses muy malos, pero bueno, un poco yo siento que esa es la… Argentina”.
Esta filosofía de producción derivó en decisiones comerciales complejas. La elaboración de su cerveza estilo Pilsen demanda entre tres y cuatro meses de ocupación de tanques, un período que cuadruplica los 15 días promedio que utiliza la industria masiva.
“Con este logro sentimos que elevamos la vara para la producción local y continuamos poniendo a la cerveza artesanal de la provincia de Buenos Aires en la escena internacional”, destacaron los socios.
Para Lucas, los premios no son el objetivo final. “Los premios para mí son como lo que viene de hacer las cosas bien, pero no es un objetivo en sí mismo. Mi objetivo es que cada vez haya más gente, que me digan eso, ‘che, la birra de ustedes es distinta, muy buena’… bueno, eso es un montón”.
¿Qué sigue para Astor?
Lejos de las luces de los escenarios internacionales y los galardones continentales, el verdadero motor de la marca platense parece encenderse en la intimidad de su galpón de Tolosa, allí donde el silencio de los tanques de fermentación ofrece una tregua a las complejidades del mercado.
Lucas menciona que quiere seguir profesionalizándose: “Tengo ganas de comprarme un espectrofotómetro, que es un aparato muy caro, pero que a la vez puedo medir muchos parámetros y medir diferentes cervezas”. También aspira a volver a ganar el World Beer Cup: “es un objetivo que podemos llegar con mucho laburo, con conocimiento y entendiendo las problemáticas que hay”.
El escenario plantea una encrucijada para las pequeñas empresas de todo el país, obligadas a recalcular sus estructuras para no desaparecer durante los meses más crudos del invierno.
Con el consumo en niveles mínimos y un mercado que se achica diariamente, queda abierto el interrogante de si la profesionalización de las relaciones humanas y la inversión científica planificada serán suficientes para sostener un modelo de negocio que prioriza el control del producto por sobre el beneficio financiero, o si las reglas de la economía actual forzarán a la industria independiente a transformarse de manera definitiva.