Durante todo el año, médicos veterinarios recomiendan aplicar esquemas de control parasitario en perros y gatos. La medida, respaldada por ESCCAP, busca frenar patologías vectoriales y prevenir contagios de enfermedades zoonóticas en los hogares.
Durante todo el año, médicos veterinarios recomiendan aplicar esquemas de control parasitario en perros y gatos. La medida, respaldada por ESCCAP, busca frenar patologías vectoriales y prevenir contagios de enfermedades zoonóticas en los hogares.

La desparasitación sistemática constituye uno de los pilares fundamentales de la medicina preventiva en perros y gatos. Aunque los animales muestren un aspecto saludable a simple vista, la exposición a parásitos internos y externos representa un riesgo latente para su bienestar y para la salud pública.
Organismos especializados como el ESCCAP (Consejo Científico Europeo para los Parásitos de los Animales de Compañía) señalan que mantener una constancia en la prevención reduce de forma drástica las complicaciones médicas de origen vectorial.
Los parásitos externos, donde se incluyen pulgas, garrapatas y flebotomos, habitan en el pelaje y la piel. Estos vectores son responsables de lesiones cutáneas, dermatitis alérgicas y respuestas inmunitarias patológicas. Asimismo, actúan como transmisores de afecciones complejas como la leishmaniosis canina.
Por otra parte, los parásitos internos se alojan en órganos, tejidos y el torrente sanguíneo. Este grupo abarca a los helmintos —lombrices y gusanos intestinales, pulmonares o del corazón— y protozoos como el toxoplasma.
Su presencia provoca problemas digestivos, pérdida de peso, abdomen inflamado, apatía y un debilitamiento general del organismo. Un factor crítico identificado por los especialistas es que las infestaciones internas reducen de forma considerable la eficacia de las vacunas, debido a que comprometen la respuesta inmunológica del animal.
La frecuencia de los tratamientos preventivos no es uniforme. El diseño de un plan sanitario requiere la evaluación de factores biológicos y ambientales como la edad del ejemplar, su estilo de vida, el contacto con otros animales y la zona geográfica de residencia.
Los profesionales sugieren de manera orientativa una desparasitación externa cada uno a tres meses, mientras que el control de helmintos se pauta habitualmente cuatro veces al año.
El uso de insumos farmacológicos exige estricta supervisión profesional. La administración empírica de productos conlleva riesgos severos de intoxicación debido a que las fórmulas químicas no son universales.
Sustancias como la permetrina, prescrita comúnmente para el tratamiento de caninos, resultan altamente tóxicas y potencialmente mortales si se aplican en felinos. Actualmente, el mercado farmacéutico ofrece alternativas en formatos de pipetas, collares o comprimidos orales, adaptables a las restricciones específicas de cada especie.
La constancia en la higiene y el tratamiento animal ejerce un impacto directo en la prevención de la zoonosis, denominación que reciben las enfermedades transmitidas de animales a seres humanos.
En el caso específico de la toxoplasmosis, una de las parasitosis más extendidas y cuyo hospedador definitivo es el gato, el control preventivo se complementa con pautas de manejo ambiental, tales como evitar el suministro de carnes crudas en la dieta y limitar la actividad de caza exterior de los felinos.
El abordaje integral de la salud animal parece transitar hacia un esquema donde la prevención periódica reemplaza a las intervenciones de urgencia. Ante la manifestación de síntomas visibles, la consulta con el médico veterinario resulta el único mecanismo válido para asegurar tratamientos seguros y adaptados. ¿Están los propietarios de animales de compañía preparados para asumir la desparasitación como un compromiso de salud comunitaria continua?
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