Hace exactamente treinta años, Cutral Co y Plaza Huíncul se convirtieron en el epicentro de una convulsión social que sacudió los cimientos del poder provincial y nacional. La denominada “pueblada” no fue solo un corte de ruta; fue, como definen sus protagonistas, un “grito colectivo” de desesperación y dignidad ante el desmantelamiento de una forma de vida.
La protesta estalló la tarde del 20 de junio de 1996. El detonante inmediato fue el anuncio del entonces gobernador Felipe Sapag sobre la cancelación del contrato con la empresa canadiense Agrium, que iba a construir una planta de fertilizantes. Pero la herida era mucho más profunda: desde la privatización de YPF en 1992, la desocupación en la comarca había alcanzado el 30%. Con el retiro de la petrolera estatal, la economía local se había desplomado y miles de familias enfrentaban la falta de empleo, el corte de servicios básicos y un futuro incierto.
El día en que la ruta se volvió pueblo
Durante siete días, las rutas 22 y 17 fueron ocupadas por más de 20.000 personas. Fue un movimiento que hermanó a ambas ciudades, convirtiendo el asfalto en una trinchera de resistencia. La tensión llegó a su punto máximo cuando la Gendarmería Nacional, bajo órdenes judiciales, se acercó para desalojar a los manifestantes. Sin embargo, ante la magnitud de la movilización, la jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles tomó una decisión histórica: se declaró incompetente, ordenó el retiro de las fuerzas y evitó lo que pudo ser una tragedia.
La pueblada terminó tras una negociación directa con el gobernador Sapag. De aquel petitorio de trece puntos nació un compromiso que cambiaría el destino de la región.
Un antes y un después político
El impacto político de la pueblada fue absoluto. Para el Movimiento Popular Neuquino (MPN), el partido provincial que gobernaba Neuquén, la rebelión significó una clausura de tres décadas en la gestión municipal. Desde aquel 1996, ningún candidato de ese espacio logró imponerse en las urnas en Cutral Co o Plaza Huíncul.
El poder local fue ocupado por exponentes surgidos de la propia lucha, como Eduardo Benítez y, posteriormente, Ramón Rioseco, quien ha liderado un proyecto político que se extiende hasta la actualidad. “No fue en vano”, sostiene hoy Rioseco. “Pido que no nos olvidemos porque muchos de quienes estaban al frente, hoy no están. Hay que honrar a los luchadores de esa época”, reflexiona el intendente.
El legado económico: El Mangrullo
Quizás la consecuencia más tangible de aquella gesta fue la cesión del yacimiento gasífero “El Mangrullo”. Lo que en su momento era un área marginal que no quería nadie, se convirtió en el motor financiero de los municipios. La gestión de estas regalías a través del Ente Autárquico Intermunicipal (ENIM) marcó una diferencia sustancial en la capacidad de realizar obras y generar ingresos en comparación con el resto de las ciudades neuquinas.
Claudio Larraza, actual intendente de Plaza Huíncul, quien vivió la pueblada desde el área de Acción Social, califica el evento como un “hecho bisagra”. “Gracias a esa gesta es que tenemos El Mangrullo. Sirvió para hacernos escuchar y, si bien estábamos del otro lado del mostrador, defendíamos esa causa porque era legítima”, afirma.
Memoria y futuro: el horizonte del GNL
Este fin de semana, la comarca recuerda aquel invierno de 1996 con una agenda cargada de memoria: guisos populares en recuerdo de Ernesto “Jote” Figueroa, la presentación del documental “Pueblada 30 años: Memoria e identidad” y nuevos libros que analizan el fenómeno.
Sin embargo, el aniversario llega en un momento de renovación. Así como en los 90 la crisis del modelo energético marcó el fin de la YPF estatal, hoy el proyecto del Gas Natural Licuado (GNL) promete ser la “tercera oportunidad” para la región. Mientras la Legislatura neuquina avanza en los acuerdos de inversión, las ciudades se preparan para insertarse en el mercado global.
A 30 años de aquel grito desesperado, Cutral Co y Plaza Huíncul no solo honran su pasado de lucha, sino que miran hacia adelante, con la esperanza de que la nueva ventana energética les devuelva el rol protagónico que, según sus vecinos, nunca debieron haber perdido. La pueblada dejó la huella de un pueblo que se puso de pie, y hoy, con esa misma convicción, busca consolidarse en el nuevo mapa productivo de la Argentina.