Ciclón de máxima categoría golpeó los territorios norteamericanos del Pacífico

El supertifón Bavi azotó la isla estadounidense de Rota con inundaciones y ráfagas de 350 km/h, equivalentes a la categoría 5. Las autoridades reportaron grandes daños materiales y cortes eléctricos que afectaron también al cercano territorio de Guam.

Huracán Bavi

El archipiélago de las Marianas, bajo jurisdicción estadounidense, enfrenta un panorama de alta complejidad material tras el paso del supertifón Bavi. Las vocerías de emergencia civil de la isla de Rota confirmaron la presencia de anegamientos generalizados y un severo impacto en el entramado urbano a causa de las corrientes de aire extremas. Las oficinas del Servicio Meteorológico Nacional de los Estados Unidos habían emitido alertas de máxima prioridad describiendo el escenario como una contingencia de riesgo letal absoluto. De acuerdo con los radares de vigilancia climática, los bordes más densos del núcleo del meteoro se desplazaron directamente sobre el sector geográfico de este enclave meridional, arrastrando corrientes sostenidas que superaron con creces los doscientos cincuenta kilómetros por hora y desestabilizando las condiciones habitacionales de sus pobladores.

Las mediciones del organismo de monitoreo conjunto apostado en Hawái equipararon la magnitud del ciclón con los efectos de un huracán de escala cinco, registrando picos de velocidad de hasta trescientos cincuenta kilómetros por hora en sus ráfagas más severas. Las previsiones técnicas señalaban que un azote de estas características técnicas comprometería la habitabilidad de la región por un tiempo prolongado, destruyendo principalmente aquellas construcciones desprovistas de estructuras de hormigón armado o cimientos de alta resistencia. El colapso del arbolado público y el derribo masivo del cableado energético amenazan con aislar los núcleos urbanos, proyectando interrupciones totales en los servicios de suministro eléctrico que podrían extenderse durante varios meses en el territorio insular.

Los efectos de las precipitaciones torrenciales y los vendavales también alcanzaron al territorio periférico de Guam, afectando de manera colectiva a una población regional que supera los doscientos mil ciudadanos. Este sector geográfico, localizado a miles de kilómetros de la franja continental norteamericana, arrastra las consecuencias de previas catástrofes atmosféricas de gran envergadura. Apenas al inicio del presente año fiscal, el supertifón Sinlaku había desmantelado cubiertas residenciales y provocado apagones masivos en la zona, un antecedente que se suma al histórico paso del tifón Mawar en la temporada antepasada, consolidando un patrón de anomalías climáticas recurrentes que obliga a las autoridades coloniales a mantener esquemas de contingencia permanentes.

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