El tipo de cambio mayorista alcanzó los $1.492 tras cinco meses de estabilidad. Un informe del IERAL descarta una crisis cambiaria inmediata y atribuye el reacomodamiento al fortalecimiento global de la divisa estadounidense.
El tipo de cambio mayorista alcanzó los $1.492 tras cinco meses de estabilidad. Un informe del IERAL descarta una crisis cambiaria inmediata y atribuye el reacomodamiento al fortalecimiento global de la divisa estadounidense.

El mercado cambiario doméstico registró una ruptura en su tendencia de estabilidad. Tras transcurrir cinco meses sin mayores sobresaltos, las cotizaciones del billete estadounidense experimentaron alzas consecutivas que capturaron la atención de los operadores.
Dato explosivo: El dólar mayorista tocó los $1.492 al subir un 5,8% desde mayo, mientras que el contado con liquidación avanzó hasta los $1.573.
A pesar del repunte, el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) descartó el inicio de una corrida. La entidad monetaria consideró el movimiento como un reacomodamiento frente al complejo frente externo.
La cotización mayorista actual se posiciona un 18% por debajo del techo de la banda cambiaria fijada por el Gobierno en $1.815. El análisis técnico detalla que, medido en términos reales, el billete recién regresó a los niveles de marzo.
El principal motor del incremento de la divisa no responde a desequilibrios internos, sino al marcado fortalecimiento internacional del dólar. El Dollar Index, que mide la fuerza de esa moneda frente a canastas extranjeras, trepó un 3,2%.
Esta dinámica global golpeó con fuerza a las economías emergentes de la región, provocando que el real brasileño se devaluara un 5,3%. Las presiones se originan en las estrictas previsiones sobre la tasa de interés de la Reserva Federal.
Los inversores internacionales descuentan que los rendimientos de la banca estadounidense permanecerán elevados por un tiempo más prolongado. Ante este escenario, los capitales globales migraron velozmente hacia los bonos del Tesoro norteamericano.
A nivel local, el rendimiento atractivo de los activos externos redujo el interés de los operadores por las colocaciones financieras en pesos. Diversos fondos desarmaron posiciones en moneda local para volcarse a instrumentos de cobertura cambiaria.
A este desarme de carteras se sumaron presiones estacionales recurrentes del bimestre. El cobro del medio aguinaldo incrementó la dolarización minorista, mientras firmas energéticas demandaron divisas para girar dividendos al exterior.
A pesar de la mayor demanda privada, el Banco Central no interrumpió la compra de reservas. La autoridad de la República Argentina encadenó 123 ruedas consecutivas con saldo comprador, adquiriendo 1.418 millones de dólares durante junio.
La fase compradora acumulada del año asciende a 11.430 millones de dólares, marcando un récord histórico para el organismo. Sin embargo, el ritmo diario de absorción oficial cayó de 100 millones de dólares a un promedio de 64 millones.
Esta desaceleración coincide con una creciente intervención del Banco Central en futuros. La entidad incrementó el uso de contratos derivados y la venta de títulos dollar linked para moderar la velocidad del salto cambiario.
El volumen diario negociado en bonos atados al dólar alcanzó picos de 1.140 millones de dólares. La estrategia oficial busca dar cobertura al sector privado sin comprometer las reservas líquidas, estimadas en 25.000 millones de dólares.
El interés abierto en los contratos de futuros se incrementó sustancialmente, pasando de 2.790 millones a 3.650 millones de dólares. El indicador refleja que las corporaciones buscan resguardarse ante eventuales correcciones del tipo de cambio.
Pese al nerviosismo, las posiciones pactadas no anticipan una devaluación brusca. Los contratos operados para el mes de diciembre proyectan un valor de $1.642, con una tasa implícita efectiva anual muy moderada del 22%.
El cumplimiento de este sendero dependerá de la evolución de los indicadores de empleo en Estados Unidos. Si la economía norteamericana da señales de enfriamiento, la presión internacional sobre el mercado argentino comenzará a ceder.
El sector financiero proyecta una baja de la morosidad para fin de año tras la caída de los atrasos tempranos. El Banco Central diseña nuevas garantías y retenciones salariales para recuperar la capacidad prestable y abaratar el crédito.
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