The rolling stones: los que le ganan al tiempo

Con 64 años de carrera a las espaldas y una vitalidad que desafía cualquier ley biológica, Sus Majestades Satánicas regresan con Foreign Tongues. Un álbum de 14 canciones donde demuestran que el rock and roll no es una cuestión de edad, sino de pura actitud inmortal.

Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood durante la presentación del nuevo álbum de los Rolling Stones, Foreign Tongues, el 5 de mayo en Nueva YorkGetty
Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood durante la presentación del nuevo álbum de los Rolling Stones, Foreign Tongues, el 5 de mayo en Nueva York | foto: Gentileza

Resulta dificil asistir a los últimos moentos de algo en la vida, ya sea cualquier cosa, pero más cuando encima ese último acto de emoción tiene un impacto mundial en los corazones de millones de personas. En esta época mundialista, donde el mejor de los nuestros esta jugando su último mundial, asistimos también a la nueva entrega de valores que proponen una vez más Los Rolling Stones. Para Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood el final no existe —deseamos que nunca llegue— para ellos el tiempo es solo un concepto. Con 64 años de trayectoria a sus espaldas, la banda británica se empeña en desafiar las leyes de la biología y de la propia industria musical. Ya en 1969, el cronista Nik Cohn profetizó en su célebre libro Auambabuluba Balambambú que “los Stones no están hechos para envejecer”. Más de medio siglo después, este viernes 10 de julio de 2026, Sus Majestades Satánicas responden a aquella icónica sentencia publicando su vigesimoquinto álbum de estudio, Foreign Tongues.

Mick soplará 83 velas a finales de este mes, Keith alcanzará esa misma cifra en diciembre y Ronnie se convertirá en octogenario el año que viene.  Ninguno planeó llegar tan lejos, pero ya que están acá, nos regalan su segundo disco impecable en apenas tres años, tras el celebrado Hackney Diamonds (2023).  La vigencia que trae este disco, renueva el aire del Rock diciendo que no solo se trata de que todo este inventado, sino que todavía hay muchas canciones por tocar. 

Zarpazos políticos y el arte de tocar juntos

Aunque la agrupación nunca se erigió como un estandarte del rock de protesta, la madurez no les ha quitado el colmillo. En esta ocasión, la pluma de Jagger no esquiva la realidad internacional y lanza críticas directas al complejo panorama político estadounidense bajo el mandato de su 47.º presidente.

A través de versos afilados, el vocalista sentencia que “la Dama de la Libertad está frunciendo el ceño”, arremete contra “los autócratas que parecen reproducirse como un enjambre de ratas sucias con sus misiles a punto” y apunta sin rodeos contra el “magnate loco Sr. Musk”.

Gran parte de la solidez y la frescura de esta entrega discográfica responde al meticuloso trabajo del productor Andrew Watt. Con apenas 35 años, y tras timonear también Hackney Diamonds y lo último de Paul McCartney (The Boys of Dungeon Lane), Watt logró el milagro de reavivar la química interna del grupo. El productor apuntala el histórico muro de guitarras, extrae interpretaciones formidables de las manos de Richards y permite que la voz del frontman resuene provocadora y gruesa. Su gran triunfo fue convencer a estos millonarios de volver a tocar juntos en una habitación, recuperando la chispa gamberra de sus comienzos.

En este gran banquete de rock, los Stones se dieron el lujo de convocar a invitados de la talla de Robert Smith (The Cure), Chad Smith (Red Hot Chili Peppers), Steve Winwood y el propio McCartney. Lo grandioso de estas colaboraciones es que resultan casi imperceptibles para el gran público, limitándose de manera humilde a sumar sus instrumentos al servicio de la banda, sin restarle un ápice de protagonismo a los verdaderos dueños de la escena.

El broche de oro: volver a las raíces

El álbum cierra con una declaración de amor absoluta a sus orígenes. En Beautiful Delilah, una versión cruda del tema de Chuck Berry, Mick y Keith se quedan prácticamente solos, respaldados apenas por una percusión de fondo. Es una escena de camaradería íntima idéntica a la que hicieron en el cierre de Hackney Diamonds con el Rolling Stone Blues de Muddy Waters. Son dos amigos maduros volviendo a ser los mismos chicos que se cruzaron en la estación de tren de Dartford con unos discos bajo el brazo.

Quizás Foreign Tongues no entre en el top 10 histórico de sus obras maestras de los sesenta o setenta, pero se sienta con total comodidad y orgullo en la mesa de clásicos como Emotional Rescue o Steel Wheels. A estas alturas del partido, tener un disco así entre las manos es un milagro y un regalo absoluto. Larga vida a los Rolling Stones: los únicos capaces de ganarle la carrera al tiempo.

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