En el marco de una de las etapas más complejas de su gestión, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reapareció públicamente con un discurso cargado de definiciones políticas durante un encuentro de dirigentes celebrado en República Dominicana. La cita, que reunió a los representantes de la Unión de Fútbol del Caribe (CFU) —bloque clave perteneciente a la Concacaf—, sirvió como escenario para que el dirigente suizo buscara contención y alianzas territoriales tras sufrir un severo revés en la conducción del fútbol mundial.
El origen de la tensión radica en el colapso del proyecto denominado FIFA Forward Enterprise (FFE). Esta iniciativa buscaba comercializar con inversores privados un 20 % de los derechos comerciales de los torneos organizados por la entidad madre, incluido el Campeonato Mundial de Fútbol. La propuesta despertó un rechazo unánime en diversos sectores dirigenciales de la Concacaf y la UEFA, donde advirtieron sobre los riesgos de privatizar ingresos estructurales, comprometer la equidad del calendario e incidir negativamente en la distribución del capital. La masiva resistencia obligó a Infantino a dar un paso al costado y archivar la medida.
Duras críticas a las potencias y defensa del modelo distributivo
Lejos de replegarse tras dar marcha atrás con el plan financiero, Infantino utilizó la cumbre caribeña para responder a los cuestionamientos y lanzar un mensaje directo hacia los centros de poder tradicionales del deporte. Sin nombrar explícitamente a las potencias europeas, el mandatario apuntó contra la resistencia de ciertos países a compartir la masa de recursos económicos del fútbol global. “Algunos, por desgracia, no necesitan ni quieren que otros crezcan, pero tenemos que reducir esta brecha entre los países grandes, muy grandes, y todos los demás”, disparó en una entrevista difundida por los canales oficiales de la FIFA.
En su intervención, el máximo dirigente buscó matizar las diferencias, pero dejó en claro que la prioridad de su agenda debe centrarse en las 211 asociaciones miembro. “Los grandes están haciendo un gran trabajo, los elogiamos y los felicitamos, y obviamente deberían seguir creciendo; pero tenemos que dar una oportunidad a todos los demás. Es imperativo encontrar inversiones y posibilidades reales para el resto del mundo”, enfatizó sobre la necesidad de democratizar el acceso a las finanzas del fútbol.
Respaldo político y el camino despejado hacia el Congreso de Rabat
Las tensiones recientes, sumadas a los cruces por las sanciones disciplinarias a diversas selecciones y las disputas por el calendario internacional, habían dejado al presidente de la FIFA en una posición de vulnerabilidad mediática. Sin embargo, en el terreno donde se definen las asambleas —bajo la premisa de “un país, un voto”—, la articulación con las naciones de menor desarrollo le otorga una ventaja considerable, dado que las federaciones del Caribe poseen el mismo peso electoral que los gigantes de Europa o Sudamérica.
“Es importante participar, entablar un diálogo, expresar puntos de vista y opiniones. Han pasado muchas cosas en las últimas semanas y es fundamental que se escuche a todos. Estoy muy, muy contento con todo el apoyo que recibo aquí”, manifestó el suizo tras recibir el aval de los delegados de la CFU.
Esta alianza con los bloques emergentes resulta determinante para los próximos pasos políticos del titular del organismo. Con la mirada puesta en el Congreso de la FIFA previsto para el próximo 18 de marzo en Rabat, Marruecos, Infantino busca encarar el proceso electoral con un piso sólido de adhesiones. A pesar de las fricciones con las confederaciones más influyentes, el dirigente se perfila para asegurar su cuarto mandato consecutivo al frente del ente rector, en una contienda donde no registra oposición formal.