El paso de Eduardo Coudet por la conducción técnica de River Plate llegó a su fin. Tras la dramática eliminación por penales frente a Independiente Santa Fe en el MÁS Monumental por los octavos de final de la Copa Sudamericana, el entrenador comunicó la decisión a la cúpula dirigencial en el vestuario y este jueves por la tarde formalizará su renuncia en una conferencia de prensa tras despedirse del plantel. Sin embargo, reducir el estrepitoso presente del club a la figura del DT sería un diagnóstico tan simplista como equivocado: la partida del “Chacho” es apenas la punta del iceberg de un colapso futbolístico e institucional que ya compromete el futuro deportivo del Millonario hasta 2027.
La estadística de la era Coudet en Núñez devora cualquier intento de defensa. Con tan solo 27 partidos dirigidos —alcanzando la misma marca histórica que registros negros como el de Juan José López en 2011 o Carlos Babington en 1995—, el entrenador despilfarró en cinco meses todo el crédito inicial con el que había desembarcado para suceder el segundo ciclo de Marcelo Gallardo. En su haber quedan la derrota en el Superclásico frente a Boca, la caída en la final del Apertura contra Belgrano, la eliminación en Copa Argentina ante Aldosivi y un récord inédito en el profesionalismo de seis derrotas consecutivas por torneos locales.
Un equipo frágil y una autoridad desdibujada
La noche del miércoles volvió a poner en evidencia a un equipo indocumentado de carácter. Ante un rival flojo de mandíbula como el conjunto colombiano, River fue incapaz de sostener la ventaja y se derrumbó con tres envíos aéreos básicos que derivaron en el 1-1 definitivo. La imagen del DT ya lucía quebrada antes de la tanda de penales: en la ronda previa a los cobros desde los doce pasos, fue Nicolás Otamendi quien tomó la voz de mando para la arenga, mientras el cuerpo técnico observaba a un costado en silencio.
El pitazo final desató la furia contenida de los hinchas en el hall del Monumental. Al grito del histórico “que se vayan todos”, la masa societaria acordonada por un fuerte operativo policial volvió a exigir respuestas. Pero la bronca ya no apuntó únicamente al banco de suplentes: los cuestionamientos se dirigieron directamente a la comisión directiva encabezada por Stéfano Di Carlo y a la secretaría técnica integrada por Enzo Francescoli y Leonardo Ponzio, señalados como los máximos responsables de un armado de plantel que dilapidó millones de dólares sin obtener un solo título internacional desde 2019.
Plantel estancado y un 2026 prácticamente perdido
Ni la llegada de refuerzos de jerarquía internacional con experiencia europea logró maquillar la falta de funcionamiento. La pretemporada en España —a la que el plantel viajó con apenas 15 futbolistas de campo debido a insólitas demoras operativas— marcó el pulso de un semestre que acumula un solo triunfo en nueve presentaciones. Tras la salida de futbolistas apuntados como Paulo Díaz o Facundo Colidio, la responsabilidad del fracaso cayó ahora sobre las espaldas de referentes como Lucas Martínez Quarta o Rafael Santos Borré, imprecisos y lejos de su mejor versión.
El impacto económico y deportivo de este desenlace es devastador. Con la temporada 2026 prácticamente liquidada a fines de agosto —eliminado de ambos torneos de eliminación directa y ubicado en los últimos puestos del Torneo Clausura—, River condiciona seriamente su clasificación a la Copa Libertadores 2027 y compromete su tabla acumulada para el Mundial de Clubes.
Mientras Marcelo Escudero asumirá de forma interina para dirigir el choque del próximo domingo frente a Banfield en el Florencio Sola, los nombres de Hernán Crespo, Pablo Aimar, Gabriel Milito y Diego Cocca ya empiezan a sonar en los pasillos de Núñez. No obstante, en los hinchas prima una certeza incómoda: el recambio de entrenadores —tres en un mismo año por primera vez desde 2010— difícilmente resuelva la crisis si la dirigencia no revisa las bases del proyecto futbolístico.