El estudio de PH, Podemos Hablar se convirtió una vez más en la escena de una emotiva confesión. Durante su paso por el programa de Telefe conducido por Andy Kusnetzoff, Pamela David abrió su corazón y abordó un tema que le genera un dolor recurrente: la permanente mirada ajena y las constantes descalificaciones hacia su trayectoria profesional y su vida privada.
El peso de los prejuicios y la búsqueda de validación
El intercambio comenzó cuando la panelista Analía Franchín remarcó que haber sido catalogada como una mujer sexy no debía mermar su reconocimiento.
El gesto afectó visiblemente a la conductora, quien intentó contener el llanto antes de responder: “No quería llorar. Está tremendo. Esto tiene un círculo como de constelaciones. Lo digo siempre en mi programa, porque te genera una sensibilidad y una conciencia. Gracias, Ana”.
Al borde de las lágrimas, reconoció: “Pensé que lo había superado y que no me importaba el qué dirán, pero duele tanto”.
David reivindicó su ética de trabajo y la dedicación a su círculo íntimo: “Desde muy chica trabajo, desde muy chica soy muy responsable. Me tomo todo muy en serio y quiero que todo sea perfecto”.
En ese sentido, lamentó la falta de empatía del público. “Cuando leo cosas que no me definen, digo: ‘Bueno, esto no me importa si habla de vos o no de mí’… Pero hay un dolor: ‘¿Por qué? ¿Por qué no pueden ver lo que hay?’”, manifestó, agregando con angustia: “No tengo la respuesta. Me duele mucho”.
El costo de la exposición mediática
La presentadora también recordó la incomodidad de dar explicaciones cada vez que participa de otros envíos televisivos. “Fui porque disfruto, porque si me dan permiso, lo hago. Por qué vengo a este programa, porque me gusta, pero siempre tengo que dar explicaciones y digo: ‘¿Cuándo se termina?’”, cuestionó.
Si bien aclaró que “nunca me quise victimizar”, admitió que la búsqueda de reconocimiento es intrínseca a la labor artística: “El que trabaja en la televisión es porque quiere que lo reconozcan. Si no te dedicás a otra cosa”.
Finalmente, expresó que el estigma físico y las especulaciones sobre su matrimonio con el empresario Daniel Vila, directivo de América TV, agravan el panorama. “Y si el otro ya compró la novela de que ‘y bueno, porque tiene el programa, pues está casada’, entonces es muy difícil sostener un trabajo con orgullo, con mucho esfuerzo”, puntualizó. Respecto a los señalamientos sobre su pareja, concluyó:
“Eso sí me duele porque yo lo sigo eligiendo. Sigue siendo mi familia y trabajamos de lo mismo”.