El anunciado salto productivo de la energía y la minería no logra traducirse en una creación masiva de puestos de trabajo registrados. Aunque la producción, la inversión y las exportaciones vinculadas a los recursos naturales lideran la actividad económica, el mercado laboral formal en ambos sectores permanece por debajo de los registros de noviembre de 2023. Según datos oficiales del SIPA, el conjunto del empleo privado nacional perdió más de 246.000 trabajadores en ese período, evidenciando que los motores del crecimiento actual no son los que más mano de obra absorben.
Suma negativa: Las ramas de minería, petróleo, electricidad, gas y agua perdieron unos 8.900 puestos formales en conjunto desde fines de 2023.
La brecha de escala: Los sectores “ganadores” representan solo el 23% del empleo privado, mientras que los “perdedores” (industria, construcción y comercio) concentraban cerca del 50%.
Polos aislados: Únicamente Neuquén y Río Negro lograron mostrar números positivos en empleo y empresas activas impulsadas por la actividad no convencional.
La trampa de la escala entre sectores ganadores y perdedores
El dinamismo que exhibe Vaca Muerta no alcanza para compensar el declive de la actividad madura en cuencas tradicionales como la del Golfo San Jorge, del mismo modo que el litio tampoco logra equilibrar el mal desempeño de la minería vinculada a la construcción. A este fenómeno de sustitución interna se suma un problema estructural de representatividad: los rubros que hoy lideran la economía nacional ocupan a una porción reducida de la fuerza laboral total en comparación con los sectores urbanos.
La caída de puestos en la industria manufacturera, la construcción y el comercio ha sido dramática, superando los 160.000 empleos registrados destruidos en esa combinación de rubros. Como contrapartida, la masa salarial que generan el petróleo y la minería no logra traccionar el total nacional debido a que son actividades de alta densidad de capital que requieren inversiones millonarias y tecnología, pero relativamente pocos trabajadores directos por cada dólar invertido.
A esta dinámica se suma una sensible pérdida de empresas empleadoras, con más de 31.000 firmas menos registradas en todo el país desde finales de 2023. Las grandes jurisdicciones como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires concentran el mayor volumen de destrucción empresarial, reflejando el impacto directo de la contracción en el mercado interno y la actividad industrial tradicional.
Neuquén como excepción en un mapa nacional resentido
El impacto positivo del desarrollo energético se manifiesta casi de manera exclusiva en las provincias productoras, generando un marcado desacople regional. Mientras el empleo privado formal cayó casi 2% a nivel nacional, la provincia de Neuquén anotó un crecimiento superior al 8% en sus registros laborales frente a los niveles previos al cambio de gestión, acompañada en menor medida por Río Negro.
Las estadísticas oficiales muestran un problema de clasificación del trabajo que distorsiona el alcance real del fenómeno. Gran parte de los puestos indirectos que genera la energía —como la construcción de oleoductos, los servicios de ingeniería, la fabricación de insumos petroleros o el transporte pesado— figuran formalmente anotados en las ramas de la construcción, servicios empresariales o transporte, invisibilizando el verdadero derrame de la actividad no convencional.
En la minería metalífera y del litio, el factor de los tiempos de desarrollo resulta determinante para entender la baja absorción de personal. Muchos proyectos de gran envergadura atraviesan etapas previas de exploración o prospección donde la demanda de mano de obra es acotada y altamente calificada, postergando la contratación masiva de trabajadores operarios hasta la fase de construcción de planta y producción plena.
Un modelo productivo que busca eficiencia y productividad
La búsqueda de mayor eficiencia corporativa en un entorno de menor inflación impulsa a las empresas a recortar costos y automatizar procesos. Esta tendencia hacia mayores ganancias de productividad, sumada a la incorporación de tecnología e inteligencia artificial, provoca que el aumento de la producción física no demande un incremento proporcional de personal contratado.
En paralelo, el mercado de trabajo refleja un traspaso hacia la informalidad, donde el empleo no registrado creció casi un 5% para amortiguar el cierre de vacantes formales. Especialistas del sector señalan que las provincias energéticas y mineras rozan niveles de pleno empleo con tasas de desocupación muy bajas, lo que contrasta fuertemente con los indicadores de desempleo de dos dígitos que afectan a los grandes conglomerados urbanos del país.
La posibilidad de ver una recuperación en los indicadores laborales agregados dependerá de que el crecimiento económico logre extenderse hacia la industria, la construcción y el comercio. Hasta tanto esa reactivación no se consolide, los récords históricos de producción y exportación en el sector primario y energético funcionarán como un sólido motor económico, pero sin el derrame social ni la capacidad de reconstruir el mapa del trabajo formal en la Argentina.