En el marco del Día del Economista, referentes del análisis económico brindaron sus diagnósticos sobre los desafíos estructurales que atraviesa la Argentina. Lejos de una mirada unívoca, los especialistas Leandro Mora Alfonsín, Martín Rapetti, Federico González Rouco, Haroldo Montagu y Santiago Bulat coincidieron en señalar los cuellos de botella que limitan el desarrollo nacional: el acceso al crédito, la productividad, la generación de empleo de calidad y la eterna necesidad de divisas.
La economía a dos velocidades (o direcciones)
El principal punto de debate giró en torno a la configuración actual del modelo productivo. Para Martín Rapetti (Equilibra), la Argentina funciona a “dos velocidades bien marcadas”. Por un lado, el sector primario (agro, minería y energía) experimenta un desempeño robusto, situándose casi 25 puntos por encima de los niveles de 2022. En la vereda opuesta, la industria manufacturera y la construcción acumulan una fuerte caída superior al 12% desde el mismo período, generando un escenario asimétrico.
Sin embargo, Haroldo Montagu (Vectorial) discrepó con esta visión: para el exviceministro, no se trata de velocidades distintas yendo hacia el mismo lado, sino de “sectores que crecen y sectores que se contraen, sin señales de que esa divergencia vaya a resolverse por sí sola”.
Esta divergencia impacta de lleno en el mercado laboral. Según Rapetti, desde noviembre de 2023 se perdieron unos 246.000 puestos de trabajo privado formal. Montagu advirtió que el mayor problema del modelo actual radica en que los sectores con mayor potencial para generar empleo masivo (industria y construcción) son justamente los más golpeados por el contexto macroeconómico.
¿De dónde saldrá el crecimiento y los dólares?
Frente a la proyección oficial que prevé un crecimiento del PBI del 4% para 2027, los economistas pusieron la lupa sobre los motores de esa expansión. Leandro Mora Alfonsín (Argencon) rechazó la teoría del “derrame” y abogó por los “encadenamientos tecnológicos”. Explicó que la economía del conocimiento debe funcionar como infraestructura para potenciar sectores clave como los hidrocarburos y la minería, citando el uso de Inteligencia Artificial para mejorar la extracción en Vaca Muerta.
Por el lado cambiario, Montagu advirtió que el tipo de cambio actual favorece a los sectores con ventajas naturales, pero genera fuertes dificultades para la industria y los servicios, poniendo en riesgo de forma permanente sus capacidades productivas. Además, alertó sobre una exigente demanda de dólares para 2027: entre compromisos de deuda, remisión de utilidades y formación de activos externos, el superávit comercial primario podría resultar insuficiente si no se reactiva la inversión extranjera directa.
El consumo dependiente y el lento crédito hipotecario
En el plano financiero, Federico González Rouco (Empiria) analizó la incipiente recuperación del crédito hipotecario. Aunque proyecta que en 2026 se otorgarán entre 33.000 y 35.000 nuevos préstamos de este tipo, aclaró que se parte de niveles “extremadamente bajos” (apenas el 1% del PBI). Para masificar el acceso, se requiere la participación de inversores institucionales a largo plazo y no solo fondeo bancario.
Esta falta de financiamiento se traslada directamente a la calle. Al frenarse el crédito por el alza de tasas y la morosidad, el consumo de los hogares hoy depende casi exclusivamente del ingreso mensual, el cual sigue deprimido tras considerar el pago de cuotas atrasadas.
Finalmente, Santiago Bulat (Invecq) no descartó la posibilidad de que la Argentina atraviese formalmente una “recesión técnica”, tras la caída desestacionalizada del 0,6% del PBI en el segundo trimestre. “Los datos de julio de construcción e industria no fueron muy buenos”, concluyó, dejando un interrogante abierto sobre el rumbo a corto plazo.