Lo que puede venir después
En lo inmediato, el fallo afecta solo a Di Césare. Pero la Corte sienta jurisprudencia. “No es que el efecto inmediato va a ser la baja de la condena a todos los femicidios, pero no tengas duda de que lo van a venir a pedir. ¿Por qué no? Si la máxima autoridad judicial te dice que la violencia de género no es una causa para femicidio, todas las personas que fueron condenadas bajo ese parámetro van a pedir una interpretación más favorable”.
También se juega la forma de investigar. El crimen de Agostina Vega se investiga hoy como femicidio. “Siempre se investiga la hipótesis máxima, porque si no recopilan las pruebas bajo esa hipótesis, después es tarde. No podés venir dos años más tarde a decir ‘por ahí había sido un femicidio y no me di cuenta’“.
El vacío que deja el Estado frente a muertes evitables
En enero de 2025, el Gobierno de Javier Milei anunció que buscaba sacar el femicidio del Código Penal. La reforma nunca llegó formalmente al Congreso. “Que tengan ganas, no tengo la menor duda. No dieron los pasos formales todavía”, dice Gherardi. La Corte no puede derogar una ley, pero un fallo restrictivo les daría “argumentos de autoridad, nada menos que de la Corte“.
El contexto hace todo más grave. Gherardi describe un Poder Ejecutivo que “ha recortado toda asistencia del Estado nacional para los programas de violencia” y que cerró la mayoría de los centros de acceso a la justicia. El programa Acompañar existe en los papeles, pero “no tiene presupuesto asignado ni beneficiarias conocidas”.
Ella no cree que la condena alcance por sí sola: “La respuesta punitiva claramente no alcanza para prevenir los femicidios. El gran objetivo debería ser prevenir las muertes violentas de mujeres por razones de género, porque son todas evitables“. Y señala el vacío del Estado: “Tiene la obligación de prevenir la violencia, atender a las personas que la viven, reparar sus derechos y protegerlas. El Estado nacional se corrió por completo de una obligación que todavía tiene jurídicamente“.
Por eso, dice, el mensaje de la Corte pesa tanto: “Tiene que decir: sostenemos la vigencia de la ley que fue votada por unanimidad en el Congreso y que responde a un fenómeno de violencia por razones de género muy cierto, muy concreto y muy preocupante”.
Lo que queda después del fallo
Durante décadas, estos asesinatos se llamaron “crímenes pasionales”. Nombrarlos como femicidios nos enseñó a ver lo que antes se naturalizaba. Gherardi confía en que la Corte “no va a borrar todo lo que ha trabajado en los últimos 15 años“.
Susana González, la mamá de Julieta, no va a escuchar lo que decida la Corte. Murió en marzo de 2024, después de años de ser la cara más visible del reclamo de justicia por su hija. Sin ella, la querella no llegó a esta última instancia.
Pero ningún expediente mide todo el daño. “Si hablás con cualquier familiar de una víctima de femicidio, el impacto es mucho más profundo y duradero que el proceso penal“, dice. Y deja un mensaje para esas familias que siguen esperando:
“Las marcas de la violencia de género impactan mucho más allá de la víctima directa. Queremos mostrar que su lucha es la lucha colectiva. Ellas lo viven en el cuerpo, en su alma y en sus corazones, pero ese agravio, ese dolor, es compartido por muchas otras personas que, desde lo que podemos y sabemos hacer, acompañamos esa lucha y compartimos el mismo objetivo”.