El proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) concretó un paso decisivo para su desarrollo con el desembarco de sus dos monoboyas centrales en el Puerto de San Antonio Este, en la provincia de Río Negro. Estas monumentales piezas de infraestructura permitirán por primera vez en el país la operación de buques petroleros gigantes (VLCC), diseñados para potenciar exponencialmente las exportaciones energéticas nacionales.
El arribo a la terminal marítima patagónica puso fin a una compleja logística internacional de alto riesgo. Fabricadas en Medio Oriente por la empresa neerlandesa Bluewater, las boyas partieron a fines de septiembre desde los Emiratos Árabes Unidos. El itinerario obligó al carguero a atravesar el crítico estrecho de Ormuz —zona de máxima tensión global por los conflictos geopolíticos entre Estados Unidos e Irán que limitaron el tránsito marítimo—, para luego recalar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y finalmente cruzar el océano hacia Argentina.
El traslado a bordo del Jumbo Javelin
Semejante desafío logístico exigió la contratación del Jumbo Javelin, un buque carguero especializado de bandera neerlandesa que cuenta con 144 metros de eslora. Para poder descargar las estructuras de forma autónoma, la nave empleó dos grúas a bordo con una capacidad de izaje de 900 toneladas cada una. Esta fuerza fue fundamental para manipular las dimensiones colosales de las piezas: cada monoboya pesa 272 toneladas y cuenta con 15,3 metros de diámetro.
“Las monoboyas son un componente estratégico de la infraestructura de exportación. Su llegada marca un nuevo paso en la construcción de una solución logística de escala internacional que permitirá acompañar el crecimiento de la producción”, destacó Gustavo Chaab, CEO del proyecto VMOS.
Tecnología CALM: carga ininterrumpida mar adentro
El sistema implementará la tecnología CALM (Catenary Anchor Leg Mooring), un estándar global para terminales offshore que permite cargar los superpetroleros directamente en altamar, eliminando la necesidad y el impacto de construir un muelle costero tradicional. Este avance es clave para recibir naves con capacidad de transporte de hasta dos millones de barriles de crudo por viaje.
Una vez ensambladas, las monoboyas se instalarán a siete kilómetros de la costa del Golfo San Matías. Para garantizar total seguridad ante condiciones climáticas adversas, cada estructura será amarrada al lecho marino con seis anclas de alta resistencia. A su vez, el petróleo ascenderá a la superficie mediante cañerías flexibles conectadas a los PLEM (Pipeline End Manifold), unos equipos submarinos que funcionarán como el enchufe final del oleoducto.
Ingeniería subterránea para proteger la playa
Mientras las boyas aguardan su instalación definitiva, la obra civil avanza en el continente. El crudo de Vaca Muerta se bombeará desde la localidad de Allen, en un recorrido que le tomará aproximadamente 48 horas ininterrumpidas hasta alcanzar la costa atlántica.
Para mitigar el impacto ambiental en el frente costero de Punta Colorada, el oleoducto se conectará con el mar mediante un túnel realizado con Perforación Horizontal Dirigida. Este método de ingeniería subterránea permite enterrar la tubería por debajo de la playa y del lecho marino sin abrir zanjas, emergiendo directamente bajo el agua a unos 750 metros de la costa. Desde ese punto limpio, iniciará el tendido final hacia los puertos flotantes que conectarán a Vaca Muerta con el mundo.