“El deseo y el disfrute son posibles, por supuesto” dice Analía Barone (41)

Activista por las personas con discapacidad tiene parálisis cerebral por mala praxis, cuando nació el anestesista demoró en llegar a la sala de partos lo que provocó prolapso de cordón umbilical.

Analia tiene 41 años. Es periodista, productora y Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Analía no duda en responder, es contundente, sus afirmaciones interpelan, su silla de ruedas es una extensión de su cuerpo, pero no la define, es esa la primera enseñanza.

Ella, reconoce, también tiene prejuicios. 

Es lógico, como todos.  


Angelitos, eternos niños pero extraordinarios: 

Desde los medios de comunicación tradicionales y bajo discursos que se perpetúan se pretende mostrar a las personas con discapacidad por sus logros o tareas que, de alguna forma, rompen la norma hazañas deportivas o logros académicos, por ejemplo.  

En paralelo, leemos infinidad de historias que tienen como protagonistas a personas adultas, pero son descriptas como niños. “Nos infantilizan desde siempre. Al no poder adquirir, por ejemplo, cierta autonomía económica necesitamos, parece, del otro para enfrentar el mundo” arranca Analia.

Analía vive con su madre en la Capital Federal.

Deseos, erotismo y sexualidad: ¿Cuáles son los mitos y preconceptos que naturalizamos de las personas con discapacidad?

Analia no duda en responder “pareciera que no tenemos deseos ni intereses sexuales, reproductivos o no. No somos vistas como personas con derecho a sentir placer” 

¿Cómo se hace, entonces, para romper con esas barreras?

“Primero esta la barrera actitudinal, cómo se paran los otros frente, por ejemplo, a una mujer adulta como yo con discapacidad motriz y de que manera se dirigen.  Después lo que se ve en el día a día, lo que llamamos barreras arquitectónicas; quienes tenemos, por ejemplo, movilidad reducida no siempre podemos elegir a los lugares donde poder asistir de acuerdo a nuestros gustos o intereses. Es fundamental, ingresar, circular en condiciones de seguridad y autonomía en igualdad de condiciones como el resto de las personas”

 

¿Cómo debiera ser entonces ese acercamiento?

Simple, con un saludo, un cómo te llamas y ahí ya cortas camino, porque todos en definitiva tenemos un nombre de pila, yo soy Analia, vos Marcela. 

¿También se ha instalado la creencia que las personas con discapacidad están hipersexualizados?

Claro, muchos piensan, y especialmente con los varones con algún tipo de condición, que todo el día están pendientes o pensando en tener relaciones sexuales y no es así.

 

Placer

“Nuestro mayor órgano generador de placer no tiene que ver con el cuerpo necesariamente, sino con nuestro cerebro” dice Analía, y sigue “Está nuestra piel, hay sectores de nuestro cuerpo que no son los genitales y nos provocan disfrute.  Nuestro cuello, detrás de las orejas, las rodillas, la nuca” y a modo de sugerencia dice “hay que aprender y también permitir la autoexploración. Hay infinidad de formas de generar placer y por supuesto depende los gustos y de los intereses de cada persona”

¿Cómo se pueden generar espacios de intimidad?

“Hay mucho tabú sobre la masturbación, especialmente, en los varones. Nos cuesta generar espacios de privacidad”

Y cuenta una situación de su cotidiano, “tengo 41 años, vivo ahora con mi mama y hace un año que aprendió qué tenia que cerrar la puerta de mi cuarto o pedir permiso para ingresar. Mil veces le tuve que explicar los motivos, y se lo dije, lisa y llanamente”

Analia abre otra puerta más “claro que  en el encuentro sexual con otro podemos erotizarnos con elementos de apoyo que son parte de nuestra vida cotidiana, esta silla de ruedas, los andadores, los bastones. Son, como si te dijera,  extensiones. Siempre, por supuesto, con el permiso de quien lo usa”

¿Y vos Tenes prejuicios, Analia? ¿Por ejemplo con personas que también tienen alguna discapacidad? 

“Para mí “disca”, con “disca” no, y se ríe. Hablando en serio eso depende de cada quién. Tiene que ver con qué ver apoyos y recursos cuenta cada uno y que le puede ofrecer al otro y de la autonomía que pueda desarrollar en la intimidad. Si, claro que soy prejuiciosa. “

¿Y vos para que viniste? 

Fue la pregunta que le hizo una médica ginecóloga a Analia cuando fue a su control habitual, antes de ingresar al consultorio tiene, desde toda la vida, desplegar un operativo que relata así “primer ver si la silla de ruedas ingresa por la puerta, después depender de por lo menos dos personas que me asistan para subir a una camilla, ubicarme en posición de revisación. Es que los profesionales de la salud tampoco tienen una, en su mayoría, capacitación en cómo deben atender a una persona con determinada condición, como la mía”

Analia habla, cuando se la escucha con atención y con genuino interés, esa silla de ruedas en la que la veo sentada, desaparece, aunque ella diga “Yo soy lo que veo cuando me miro al espejo. Una puede ser llamativa erótica, sexy, más allá de la imagen que tiene la sociedad” 

Hay una realidad y es que las tasas de las personas con discapacidad que logran terminar el colegio secundario son bajas y mucho más quienes logran finalizar una carrera universitaria, “es un privilegio cuando debiera ser un derecho” remata ella que tiene tres títulos, dos terciarios y uno superior. 

La discapacidad de Analia es una condición, una característica de su vida. Delante de esto está esta mujer formada, activista, disruptiva y que se robusteció para romper, también, las barreras de los otros.

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