Empresas argentinas colocaron US$ 2.700 millones antes de la suba del riesgo país

Empresas argentinas colocaron casi US$ 2.700 millones en deuda privada durante septiembre, anticipándose a la suba del riesgo país. El sector petrolero lideró las emisiones con tasas mínimas históricas, acompañadas por un notable dinamismo en fideicomisos y pymes.

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Foto: NA

Cuando el termómetro financiero del exterior empezaba a recalentarse y los nubarrones volvían a asomar en los monitores de Wall Street, las principales corporaciones del país decidieron no perder un solo segundo. Lejos de quedarse de brazos cruzados a esperar que las condiciones empeoraran, las empresas salieron en manada a colocar deuda privada, logrando embolsar una cifra sideral que rozó los dos mil setecientos millones de moneda dura en apenas treinta días. La jugada fue tan rápida como efectiva, ya que aprovecharon una ventana de liquidez todavía abierta y sellaron el segundo registro mensual más abultado desde que se tienen registros modernos, sorteando con soltura el escepticismo que suele rodear a los papeles soberanos cuando los indicadores internacionales amagan con encender las luces rojas.

El informe periódico sobre la actividad bursátil que confecciona la firma PwC dejó en claro que la avidez por asegurarse fondos frescos no distinguió feriados ni pausas operativas. A lo largo del período se concretaron más de cuarenta colocaciones corporativas en el mercado abierto, ubicando la actividad entre los picos de mayor dinamismo de la última década. El gran motor de este festival de bonos privados no fue otro que el sector energético, donde las firmas que operan en la cuenca hidrocarburífera picaron en punta y acapararon el grueso del financiamiento global, respaldadas por el auge del negocio de los combustibles y la necesidad urgente de apuntalar planes de perforación que requieren espaldas financieras muy anchas para no frenar la rueda.

El gigante petrolero pisó fuerte y el costo de endeudamiento tocó mínimos

El caso testigo que sacudió a los inversores institucionales fue la irrupción de la petrolera de bandera, que concretó la mayor colocación de deuda en más de diez años al captar mil doscientos millones de dólares con un plazo extendido a nueve años y un rendimiento que se ubicó cómodamente por debajo de los dos dígitos. A esa megaoperación se sumaron jugadores pesados del rubro como Vista y Tecpetrol, que con reaperturas estratégicas y nuevas tandas de papeles absorbieron cientos de millones de dólares adicionales en cuestión de horas. La sorpresa fue que, a contramano de lo que marcaba el pulso de la deuda pública, el costo financiero que pagaron las compañías perforó pisos históricos, acomodándose en rendimientos que hicieron suspirar de alivio a los directores de finanzas.

Esta compresión de márgenes no se limitó a las grandes ligas multinacionales ni al universo de quienes facturan en divisas directas, sino que derramó con fuerza hacia las empresas de menor escala y a las estructuras diseñadas para fondear el consumo cotidiano. Las firmas medianas lograron cerrar una quincena de emisiones garantizadas en moneda nacional por montos récord para los últimos dos años, asegurándose capital de trabajo con tasas significativamente más bajas que en los meses previos. Al mismo tiempo, los fideicomisos financieros marcaron su punto más alto del calendario al captar casi trescientos mil millones de pesos para dinamizar ventas a plazo y aplicaciones de entrega rápida que debutaron en el panel bursátil, mientras que los vencimientos que promediaron los dos años en las colocaciones domésticas permitieron al ecosistema corporativo surfear la volatilidad cambiaria sin ahogarse en compromisos asfixiantes.

Entre el salto del indicador de riesgo y la promesa del dinero guardado

La gran incógnita que se abre ahora en las mesas de dinero es cuánto margen queda para seguir estirando la racha positiva. Durante las primeras semanas del mes en curso, el índice que mide la banca JP Morgan trepó con fuerza, encareciendo en los papeles cualquier nuevo intento de salir a pedir prestado afuera. Sin embargo, en el mundillo financiero reina un optimismo cauto, ya que los especialistas aseguran que el crédito corporativo argentino hace rato se desacopló del destino de los títulos del Estado, porque los fondos internacionales prefieren apostar a los fierros, los barriles y el flujo de caja comprobable de las empresas antes que a las vicisitudes del fisco.

A este panorama se suma una carta bajo la manga que el equipo económico mira con entusiasmo, vinculada a la flamante puesta en marcha del alivio tributario para ahorros no declarados, un esquema pensado para tentar a quienes guardan billetes bajo el colchón o en cajas de seguridad a volcar su capital en instrumentos formales y productivos. Si ese dinero empieza a circular por los canales institucionales, la liquidez interna pegará un salto importante, abriendo la puerta a que tanto las pymes como los gigantes industriales sigan consiguiendo oxígeno financiero accesible, sin importar cuántas turbulencias agiten los titulares de los diarios económicos.

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