Siria celebra sus primeras elecciones en décadas, pero con un sistema indirecto que excluye a la mayoría de los ciudadanos. El presidente interino elegirá a 70 de los 191 parlamentarios. Para algunos, este proceso es una “farsa superficial”.
Siria celebra sus primeras elecciones en décadas, pero con un sistema indirecto que excluye a la mayoría de los ciudadanos. El presidente interino elegirá a 70 de los 191 parlamentarios. Para algunos, este proceso es una “farsa superficial”.

El fin de la dictadura de Bashar al Assad ha abierto un nuevo capítulo en la historia de Siria, que celebrará sus primeras elecciones en más de cuatro décadas. Sin embargo, el proceso para elegir un nuevo Parlamento está lejos de ser una votación tradicional. En lugar de que todos los sirios acudan a las urnas, el país ha optado por un sistema “indirecto” que ha generado un intenso debate sobre la legitimidad y la transparencia del proceso. La decisión de organizar estas elecciones, en un país con millones de desplazados y una estructura legal frágil, es vista por el gobierno provisional como una necesidad, pero para muchos es una “farsa superficial”.
El proceso electoral se llevará a cabo en varias etapas. En primer lugar, un Comité Supremo para las Elecciones de la Asamblea Popular, que fue designado por el gobierno, supervisará la votación. Este comité, a su vez, nombrará a subcomités en los 62 distritos electorales del país. Los subcomités serán los encargados de elegir a las personas que formarán un “colegio electoral”, un grupo de entre 6.000 y 7.000 electores que serán los únicos que podrán votar. Para ser miembro del colegio electoral, se requiere tener cualificaciones académicas, “influencia social” y no haber formado parte del antiguo régimen. El 20% de los miembros deben ser mujeres.
La legitimidad de las elecciones se ve cuestionada por el poder que el presidente interino, Ahmad al-Sharaa, se ha otorgado a sí mismo. Además de los 121 miembros elegidos por el colegio electoral, el presidente elegirá directamente a 70 parlamentarios, lo que le dará un control casi total sobre la Asamblea Popular. Esta situación es alarmante, ya que la Constitución provisional de Siria establece que los decretos presidenciales solo pueden ser revocados por una mayoría de dos tercios, una cifra que será muy difícil de alcanzar para la oposición.
La votación también ha sido pospuesta en 19 escaños de las regiones de Sweida y Raqqa, que están dominadas por minorías drusas y kurdas. El gobierno provisional de Siria ha justificado la medida por “motivos de seguridad”, pero la realidad es que el gobierno no controla esas zonas. La decisión de posponer las elecciones en esas regiones ha sido interpretada por los críticos como un intento de silenciar a las minorías y de evitar que su voz sea escuchada en el nuevo Parlamento.
La opinión sobre las elecciones está dividida. El analista sirio Haid Haid ha señalado que, sobre el papel, el proceso electoral introduce “mejoras modestas pero significativas”, con “múltiples fases consultivas, mecanismos de apelación y medidas para aumentar la participación de las mujeres”. Sin embargo, para los críticos, el proceso está “vulnerable a la manipulación”. Un reportaje de DW desde el interior de Siria reveló que muchos sirios reconocen que no hay forma de celebrar elecciones directas en este momento, pero otros afirman que el proceso es una “farsa superficial”, una forma de legitimar al gobierno sin buscar un consenso genuino.
El camino de Siria a la democracia, en definitiva, es incierto. La falta de participación popular, el inmenso poder del presidente interino y la división de opiniones sobre la legitimidad del proceso demuestran que, a pesar del fin de la dictadura, el país aún tiene un largo camino por recorrer.
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