En los pasillos de Balcarce 50 crecen las expectativas y tensiones en torno a la reforma laboral que el Gobierno anunció para las sesiones extraordinarias de diciembre. Consciente de la importancia estratégica del diálogo social, el Poder Ejecutivo valora la posibilidad de convocar a la Confederación General del Trabajo (CGT) antes de hacer pública la versión final del proyecto. La intención es evitar confrontaciones tempranas y construir un piso de consenso con los principales actores sindicales que históricamente han sido interlocutores clave.
Según pudo saber Infobae de fuentes cercanas al despacho presidencial, el llamado a la CGT es todavía una idea en desarrollo, pero que podría concretarse en las próximas semanas. Esta convocatoria buscaría tender puentes con la nueva conducción sindical, encabezada por Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguro) y Cristian Jerónimo (empleados del vidrio), cuyos liderazgos son vistos con optimismo dentro del oficialismo.
Sin embargo, la central obrera mantiene una postura crítica. El secretario general de la UOCRA, Germán Martínez, quien forma parte del Consejo de Mayo que asesora en el diseño de la reforma, ya manifestó el rechazo contundente de la CGT ante cualquier intento que impliquen retrocesos en derechos laborales, especialmente respecto al decreto 70/23 que ha generado polémicas en el sector.
Las negociaciones previas buscarían incluir mesas tripartitas con representantes del Ejecutivo, sindicatos y cámaras empresariales para analizar los puntos más sensibles, como la reducción de deducciones del impuesto a las ganancias, la formalización laboral y los nuevos regímenes de empleo que propone la administración Milei.
La reforma apunta a flexibilizar el mercado laboral con ampliación de los períodos de prueba, modernización de convenios colectivos, digitalización de registros y la incorporación de nuevas modalidades como el banco de horas y el trabajo on demand. No obstante, los dirigentes sindicales advierten sobre la necesidad de preservar las protecciones tradicionales y evitar el deterioro de las condiciones de empleo.
Este momento de diálogo refleja la complejidad de equilibrar la agenda de reformas con la estabilidad social y la protección de los derechos laborales en un contexto de elevadas tensiones en el mundo del trabajo.