Guillermo Tofoni: “El fútbol es pasión, pero también es industria”

Con tres décadas de trayectoria y el sello de ser agente oficial FIFA, el fundador de World Eleven analiza por qué el fútbol argentino necesita una revolución de transparencia. Una charla a fondo sobre el ingreso de capitales, los miedos de la dirigencia y el desafío de convertir el talento en una industria de clase …

Guillermo Tofoni no es un recién llegado al mundo del fútbol. Desde que fundó World Eleven en 1994, ha sido el arquitecto detrás de la logística y comercialización de los eventos más importantes de la Selección Argentina, consolidándose como uno de los pocos “FIFA Match Agent” con licencia vigente desde 1999. Con una mirada que combina la experiencia de campo con la visión empresarial, Tofoni se ha convertido en una voz ineludible —y muchas veces disruptiva— en el debate sobre la profesionalización del fútbol local. En esta charla, profundiza sobre la necesidad de capitales privados, la transparencia institucional y los desafíos de un mercado que, según él, debe elegir entre la modernidad o el estancamiento.

— ¿Cómo fueron sus primeros pasos y cómo ingresó a este mundo?
— Entré al fútbol desde el lado de la organización y la comercialización, no desde la tribuna. Arranqué entendiendo algo simple: el fútbol es pasión, pero también es industria y profesionalismo. Fundé World Eleven en 1994 y mis primeros pasos fueron construir relaciones, profesionalizar procesos y aprender cómo se arma un partido internacional de punta a punta: logística, contratos, televisación, sponsors, seguridad y, sobre todo, credibilidad. Finalmente, la licencia oficial FIFA la conseguí en el año 1999 y perdura hasta la actualidad.

— ¿Cómo se definiría hoy dentro del ecosistema del fútbol?
— Soy un constructor de proyectos. Me defino como un tipo que conecta clubes, mercados, marcas y audiencias. Un productor deportivo con mirada empresarial: entiendo lo deportivo, pero mi valor está en hacer que las cosas pasen, con estructura, socios correctos y un modelo sostenible. Tratando de ser precursor y dejar un legado para la modernidad de nuestro fútbol.

— Lleva más de 30 años en el sector. ¿Qué balance hace de sus aciertos y errores?
— Mis mejores acciones fueron demostrar que desde Argentina se puede jugar en primera línea global: organizar partidos, generar negocio real, abrir puertas internacionales y sostener una carrera larga donde lo más difícil es la continuidad. ¿Errores? También los hubo: proyectos que no salieron por cambios políticos, decisiones de terceros, tiempos equivocados o porque en esta industria muchas veces pesa más la rosca que la razón. Aprendí que en fútbol no alcanza con tener razón: hay que tener estructura, timing y respaldo.

— Usted es un promotor del ingreso de capitales privados. ¿Desde cuándo sostiene esta postura?
— Hace muchos años. Yo vengo diciendo lo mismo desde siempre: sin capital, sin gestión y sin reglas claras, el fútbol se estanca. La figura jurídica puede ser SAD u otra, pero el punto es habilitar inversión real, con controles, transparencia y objetivos de desarrollo. También integrando un sistema que le dé garantías reales a los inversores, sobre todo jurídicas.

— ¿Por qué cree que el sistema de inversión privada funcionaría en nuestro país?
— Porque Argentina tiene el mejor “activo” del mundo: talento, identidad, formación, pasión y mercado exportador. Lo que falta es infraestructura, profesionalización y acceso a capital. Con un marco serio, inversión y control, se puede transformar: mejores canchas, mejores juveniles, mejores contratos, menos improvisación y más previsibilidad, mejores estadios y confort para los socios e hinchas. La inversión genera riqueza siempre.

— ¿Cuáles son los puntos a favor y en contra que detecta en este proyecto?
— Pros: Inversión en infraestructura, profesionalización con métricas, transparencia si se audita bien y mayor competitividad internacional. También poder resistir más tiempo a las figuras generando un mejor equipo deportivo y venderlas a un mejor valor de mercado por conveniencia y no por necesidad. Contras: Riesgo de malos inversores o “compradores de humo”, temor a perder identidad si no se protege y conflictos de interés si no hay regulación. Si se hace “a las apuradas”, sale mal.

— ¿A qué atribuye la resistencia de tantos socios e hinchas y de la dirigencia?
— Hay tres miedos mezclados: perder el club (identidad, voto, pertenencia); ser estafados por gente que promete y no cumple; y un tema que no se dice tanto: muchas dirigencias no quieren perder poder ni caja, porque con reglas profesionales y auditoría, se terminan los atajos. Por eso es importante una ley específica para el fútbol, ya que las SAD fueron creadas para el deporte en general.

— ¿Cómo analiza el caso del empresario Foster Gillett a la luz de cómo terminó el proyecto?
— Lo caracterizaría como un caso que demuestra dos cosas: primero, que hay interés internacional real por el fútbol argentino. Segundo, que sin marco jurídico, sin alineamiento entre actores, un proyecto se puede trabar aunque haya recursos. Foster Gillett invirtió 30 millones de dólares y desde la oposición política le iniciaron una causa penal por lavado de dinero que se está tratando en la justicia; jamás pudo haber sido lavado cuando salen las transferencias desde su cuenta personal en los Estados Unidos y con todos los impuestos pagos. Dicho esto, quedó demostrado que un club que acepta inversión privada como el caso de Estudiantes da resultados: sin esos 10 millones de dólares de préstamo que envió Foster, muy probablemente no hubieran podido retener algunos jugadores clave e incorporar a Medina.

— ¿Cuál es su postura frente a la gestión actual de la AFA y las denuncias recientes?
— AFA es el poder central del fútbol argentino y eso es un hecho. Mi mirada es que el fútbol necesita más transparencia, más competencia institucional y controles reales. Sobre denuncias puntuales, soy cuidadoso: hay cosas que deben probarse. Lo que sí digo es que cuando empiezan a aparecer muchas denuncias juntas, suele ser señal de que el sistema está en tensión y que hay intereses en disputa. La AFA no puede ser una especie de país independiente.

— ¿Qué tanto ha cambiado el negocio con las nuevas tecnologías?
— Cambió todo. Antes era “TV y cable”. Hoy es streaming, data, redes y monetización directa. El club que no entiende eso pierde plata y pierde audiencia joven. El fútbol en Argentina en términos de negocios está aún prematuro; tiene todo para crecer, es solo una decisión y convicción que podrán ver las próximas generaciones.


Con la claridad de quien ha gestionado contratos de alto nivel, Guillermo Tofoni cierra el diálogo dejando una certeza: el fútbol argentino se encuentra en una encrucijada histórica. Su figura, asociada a la eficiencia y a la apertura de nuevos mercados, se erige como un puente necesario entre la tradición de nuestros clubes y las exigencias de un mundo globalizado. Para Tofoni, el futuro no se espera, se construye con reglas claras y, sobre todo, con la audacia de permitir que el capital potencie el talento que ya nos sobra.

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