Scioli, el silencio y el factor Tapia: una retirada a tiempo en la pelea con la AFA

El Secretario de Turismo y Deporte evitó pronunciarse sobre el futuro de la conducción del fútbol argentino tras las tensiones por las SAD.

En la arena política, a veces el silencio es más elocuente que la palabra. El Secretario de Turismo, Ambiente y Deporte, Daniel Scioli, protagonizó un episodio que ilustra la delicada línea que transita el Gobierno frente a la estructura de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Al ser consultado sobre su vínculo y opinión respecto a la gestión de Claudio “Chiqui” Tapia, el funcionario optó por una salida abrupta que dejó más interrogantes que certezas en el aire.

El trasfondo no es menor: el Ejecutivo nacional, con el propio Javier Milei a la cabeza, ha mantenido un enfrentamiento abierto con la cúpula de la calle Viamonte. El nudo del conflicto radica en el impulso oficial a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), una bandera que Scioli ha defendido con énfasis, pero que choca de frente con el modelo de asociaciones civiles sin fines de lucro que defiende a ultranza la gestión de Tapia.

“Se cortó, me está esperando la familia”, fue la frase con la que el exgobernador dio por terminada una interacción cuando el nombre del presidente de la AFA se puso sobre la mesa. Esta retirada táctica ocurre en un contexto donde el Gobierno busca profundizar las reformas estructurales también en el deporte, intentando quebrar el histórico monopolio de poder en el fútbol local para abrir la puerta a capitales privados.

La relación entre la Casa Rosada y la AFA atraviesa su punto más gélido. Mientras el Gobierno apuesta por la modernización y transparencia a través del capital externo, el “tapismo” se atrinchera en el éxito deportivo de la Selección Nacional como escudo político. Scioli, un conocedor experto de los tiempos de la diplomacia política, parece haber elegido no abrir un frente de batalla personal adicional, al menos mientras el marco legal de las SAD termina de cuajar en el Congreso y los tribunales.

Esta actitud pone de relieve la complejidad de la batalla cultural y económica que se libra en el fútbol. El oficialismo sabe que cualquier paso en falso contra una figura que ostenta la “chapa” de los títulos mundiales requiere una precisión quirúrgica. Por ahora, el Secretario prefiere que el debate lo sigan dando los expedientes y los decretos, evitando el desgaste de un cuerpo a cuerpo mediático que, por ahora, parece preferir eludir.

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