La flexibilización de los entornos laborales impulsó la integración de los animales de compañía en las jornadas de trabajo, tanto en el hogar como en las oficinas. Compañías internacionales como Google, Amazon y Nestlé implementaron lineamientos para permitir el acceso de perros a las instalaciones, respaldadas por mediciones que asocian la práctica con incrementos en la productividad laboral de los empleados.
Sin embargo, investigaciones recientes en psicología organizacional comenzaron a evaluar el impacto directo que este modelo genera en el bienestar de los animales.
Una investigación realizada por la Virginia Commonwealth University, en Estados Unidos, analizó las variaciones de los niveles de cortisol en la saliva de tres grupos de trabajadores.
Los resultados indicaron que las personas que asistieron acompañadas por sus perros registraron un descenso paulinato del estrés laboral durante las horas de actividad. Por el contrario, los empleados que dejaron a sus animales en casa o que no poseían mascotas manifestaron un incremento de tensión al finalizar el día de trabajo.
El riesgo del contagio emocional
Frente a este escenario optimista, un estudio correlacional enfocado en el bienestar animal examinó a 85 empleados y sus respectivas díadas caninas. El informe determinó que el estrés derivado de las responsabilidades laborales produce un efecto de transferencia o transmisión cruzada hacia los perros.
Este contagio emocional ocurre principalmente a través de la rumiación, definida como la tendencia humana a continuar pensando en los problemas del trabajo durante los periodos de descanso.
Los perros poseen capacidades sociocognitivas avanzadas que les permiten percibir modificaciones de conducta, expresiones faciales y variaciones fisiológicas en los seres humanos, tales como cambios hormonales u olores corporales. Cuando un dueño experimenta tensión prolongada, el animal asimila el entorno negativo.
Los datos revelaron una discrepancia significativa entre el nivel de estrés que el dueño cree que tiene su mascota y los indicadores conductuales reales del animal, debido a que la mayoría de las personas solo identifica correctamente dos de 19 signos de tensión canina.