de puestos de diarios a micro-cafeterías

Así es la nueva tendencia porteña que reutiliza los eblemáticos puestos de diarios.

De puestos de diario a cafeterías
De puestos de diario a cafeterías

En distintas zonas de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a consolidarse una tendencia que cruza gastronomía, espacio público y productos culturales en papel: los kioscos de diarios que se transforman en cafés. Lejos de ser solo una postal nostálgica, el fenómeno responde a cambios concretos en los consumos urbanos, la caída del diario impreso y la necesidad de reconvertir estructuras históricas del paisaje porteño.

Uno de los casos es Atajo Café y Cultura, abierto por Tao Cáliz, de 21 años, sobre la avenida Santa Fe. El local mantiene la lógica del puesto, pero suma café, vinilos y publicaciones impresas como parte de una propuesta orientada a un público joven que busca experiencias fuera de la pantalla. “No pienso en este local solo como un café, sino como una pausa en una avenida muy ruidosa, donde alguien puede sentarse a leer un diario”, explicó en declaraciones a MALEVA.

El proyecto también funciona como espacio de circulación cultural. Atajo organiza intervenciones artísticas y actividades que resignifican el kiosco como punto de encuentro. Ya no se trata únicamente de vender diarios, sino de ofrecer un formato híbrido entre consumo rápido y experiencia compartida en el espacio urbano.

El crecimiento de estos locales aparece en un contexto marcado por el agotamiento digital. “Como generación nos agotamos un poco de lo tecnológico, de tanto estímulo constante, y buscamos algo más equilibrado”, resumió Cáliz. En lugar de oponer lo analógico a lo tecnológico, estos emprendimientos exploran un punto intermedio, donde el papel, la música física y el café operan como excusa para desacelerar.

Otro caso es Impresso, en Cabildo 2202, impulsado por Sebastián López. Allí, el café se plantea como herramienta de sostenimiento de un espacio que estaba en riesgo de desaparecer. “La mayoría de los puestos estaban cerrados o abandonados, y en otro momento fueron lugares emblemáticos del barrio”, señaló. El kiosco vuelve a funcionar como referencia urbana, incluso aunque el diario ya no sea el centro de la escena.

En Impresso, además, se suma una dimensión familiar: López trabaja junto a su hija Valentina, y recupera una tradición vinculada a la gastronomía y al barrio. El puesto se convierte así en un modo de continuidad, no solo comercial, sino también generacional.

La movida también incluye a Alpaso, con presencia creciente sobre la avenida Cabildo. Con una estética juvenil y colores fuertes, busca atraer a públicos que no compran diarios pero sí consumen revistas, libros y publicaciones impresas. “Nuestro desafío es acercar a la juventud a la lectura en papel, saliendo de las pantallas”, explicó su creador, Luis Ignacio Quiroga.

Estos kioscos-café se multiplican también en Rosario y Córdoba, y se presentan como síntoma de una transformación más amplia: el espacio público se redefine en función de nuevos hábitos, donde el consumo cultural convive con la necesidad de sostener estructuras urbanas tradicionales.

Más que un regreso romántico al pasado, se trata de una adaptación contemporánea: puestos históricos que encuentran una nueva función en la vida cotidiana de las ciudades.

Un puesto de diarios devenido en micro cafetería.
Un puesto de diarios devenido en micro cafetería.
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