El panorama inflacionario de este trimestre enfrenta un desafío estadístico y operativo. El BCRA identificó como factores de presión inmediata la readecuación de las tarifas de luz y gas, sumado al cambio en los ponderadores del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que el INDEC presentará formalmente el 10 de febrero. Este nuevo índice, basado en encuestas de consumo de 2017/18, otorga un peso mayor a los Servicios y el Transporte (que suben a representar casi el 30% de la canasta combinada), mientras reduce la importancia relativa de Alimentos. Según analistas, este cambio metodológico “blanquea” una inercia mayor: de haberse aplicado en 2025, la inflación anual habría sido hasta 3 puntos superior al 31,5% oficial.
Pese a este escenario, el Central mantiene un sesgo contractivo en su política monetaria. La autoridad monetaria confía en que los indicadores de “alta frecuencia” ya muestran una moderación en alimentos durante las primeras semanas de enero. Para el BCRA, una vez que la economía “internalice” los ajustes tarifarios y el nuevo método de medición, la inflación profundizará su descenso en el segundo trimestre, apoyada en una estabilidad cambiaria y en acuerdos salariales que reflejan una menor inercia.
En el frente externo, el optimismo se apoya en el campo y la energía. El informe destaca las perspectivas de una cosecha fina récord y el aporte proyectado de hidrocarburos y minerales bajo el régimen del RIGI. Con un superávit comercial estimado por el mercado en torno a los US$ 10.500 millones, el BCRA prevé sumar reservas por al menos US$ 10.000 millones este año. Sin embargo, advierte que este objetivo está atado a una variable política y financiera clave: la capacidad del Tesoro para acceder a los mercados internacionales y refinanciar los vencimientos de deuda externa.
Finalmente, el Banco Central proyecta una leve remonetización de la economía. Se estima que la demanda de pesos (M2 privado) crecerá un 0,6% del PBI durante 2026, aunque ese proceso será lento en el inicio del año, con apenas un 0,1% de expansión en el primer trimestre. Esta prudencia monetaria busca garantizar que el excedente de pesos no presione sobre la brecha cambiaria, manteniendo el foco en la estabilidad necesaria para que la actividad económica acompañe el crecimiento de las exportaciones.