La Niña: fenómeno leve y déficit de lluvias en verano

La Niña se mantendrá hasta enero de 2026 con un enfriamiento leve del Pacífico, sin generar un riesgo grave de sequías en Argentina, según el Instituto de Columbia y la Oficina de Riesgo Agropecuario. Posteriormente, se espera un retorno a la neutralidad climática durante el verano.

El impacto dependerá de la evolución del fenómeno. Foto: Agrolatam.

El Instituto de Investigación Internacional para el Clima y la Sociedad (IRI) confirma la presencia actual de La Niña, un fenómeno climático caracterizado por el enfriamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial.

Sin embargo, el nivel de enfriamiento previsto para este evento es de -0,65°C, apenas 0,15°C por debajo del umbral para ser calificado formalmente como La Niña, por lo que se espera que su efecto sea leve y de corta duración.

El pronóstico del IRI señala una probabilidad del 69% de que La Niña persista durante los meses de noviembre, diciembre y enero, reduciéndose al 51% hacia febrero y marzo, cuando el fenómeno daría paso a condiciones neutras para la región, consideradas más estables y menos impactantes para el régimen de lluvias.

En Argentina, esto implica que durante el verano 2025/26 podrían registrarse lluvias erráticas y un déficit ligero en zonas productivas clave como Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires, sin que se adviertan condiciones de sequía severa dadas las buenas reservas hídricas del suelo.

Expertos del INTA advierten que el impacto dependerá de la evolución del fenómeno, siendo limitado si La Niña se mantiene débil, pero con potencial afectación en rendimientos agrícolas si se intensificara durante el trimestre.

El desarrollo de La Niña en 2025-26 obliga a los sectores agropecuarios a mantenerse atentos a las variaciones climáticas y planificar con cautela la campaña, sin perder de vista que las condiciones tienden a neutralizarse para mediados de año, lo que podría aliviar las tensiones hidrometeorológicas observadas actualmente.

Se recomienda a los especialistas y productores seguir monitoreando los pronósticos oficiales y ajustar sus estrategias en función de la evolución climática observada.

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