La celebración de la Navidad 2025 ha dejado un saldo preocupante para el sector comercial. Según los primeros relevamientos de las cámaras empresariales, las ventas de juguetes registraron una caída estrepitosa en comparación con el año anterior, profundizando una tendencia recesiva que el sector no logra revertir. Este retroceso no es solo una cuestión de volumen; es el síntoma de una clase media que ha ajustado sus prioridades, priorizando la indumentaria básica o los alimentos por sobre el regalo tradicional de las fiestas.
El dato más revelador de este cambio de época es la composición de la oferta. Por primera vez en décadas, el 70% de los artículos exhibidos en las estanterías de las grandes cadenas y jugueterías de barrio son de origen extranjero. La apertura comercial y la eliminación de trabas a la importación han permitido el ingreso masivo de productos, principalmente desde China, con los que la industria nacional no puede competir en precio. Mientras que un juguete fabricado en el país debe lidiar con altos costos de logística, energía y una carga impositiva asfixiante, el producto importado se impone por su costo final al consumidor.
Desde la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) advierten que esta situación pone en riesgo miles de puestos de trabajo. Las fábricas locales, que históricamente dominaban los segmentos de juegos de mesa, artículos de playa y rodados, hoy operan con una capacidad instalada ociosa récord. La paradoja del modelo actual es que, a pesar de haber más variedad de productos en las góndolas gracias a la importación, el consumo no reacciona debido a la falta de poder adquisitivo. El cliente se encuentra con una oferta diversificada, pero con una billetera que lo obliga a optar por el producto más económico o, directamente, a prescindir del gasto.
La dinámica de compra también ha mutado. El uso de cuotas sin interés y las promociones bancarias fueron los únicos salvavidas de la temporada, aunque resultaron insuficientes para equilibrar la balanza. Las familias han migrado hacia juguetes de menor valor unitario, dejando de lado las piezas más sofisticadas o tecnológicas que superan los umbrales de gasto permitidos por el presupuesto navideño. Además, el mercado informal y las plataformas de venta online han captado una porción del flujo que antes pertenecía a los locales físicos, presionando aún más a los comercios tradicionales.
Este escenario plantea una interrogación profunda sobre el futuro del sector de cara a la festividad de Reyes Magos. Si el Gobierno no implementa medidas que alivien la estructura de costos de los productores locales, el juguete “Made in Argentina” podría quedar reducido a un nicho marginal. La Navidad de 2025 será recordada no solo por la austeridad en los hogares, sino como el punto de inflexión donde la producción nacional cedió definitivamente su territorio ante el avance de la mercadería global, en un contexto de mercado interno deprimido.