Tensión diplomática en el Golfo
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó la tensión internacional al advertir que su país se encuentra preparado para intervenir militarmente en Irán.
A través de un mensaje en su red social Truth Social, el mandatario afirmó que Washington acudirá al rescate de los ciudadanos iraníes si las fuerzas de seguridad locales utilizan la violencia letal contra los manifestantes. Esta declaración se sumó a un escenario ya complejo, tras los ataques ejecutados por la Casa Blanca contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025.
La respuesta de la República Islámica no se hizo esperar. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, calificó las palabras de Trump como una interferencia directa en los asuntos internos.
Lariyani advirtió que cualquier acción estadounidense provocaría un caos que desestabilizaría a toda la región, aunque analistas internacionales cuestionan hoy la capacidad de disuasión de Teherán tras la reciente caída del gobierno de Bashar al Asad en Siria y el debilitamiento de milicias aliadas como Hezbolá.
El detonante económico
Las movilizaciones, que comenzaron el pasado domingo, tienen su origen en el deterioro del poder adquisitivo. La inflación alcanzó un 42% en diciembre y el rial, la moneda local, perdió más de la mitad de su valor frente al dólar en el último año. Esta situación afectó gravemente a los comerciantes de la capital y a una clase media que se reduce progresivamente.
Aunque el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, intentó mostrar empatía y prometió diálogo con los sectores inconformes, las protestas se extendieron a casi todas las provincias. En ciudades como Lali, los manifestantes incendiaron estatuas de figuras oficiales y corearon consignas que exigen el fin del régimen. El descontento unió a diversos sectores, desde jubilados hasta la denominada Generación Z, bajo el lema: “Ni Gaza ni Líbano, doy mi vida por Irán”.