La gestión de las fronteras aéreas argentinas vuelve a quedar envuelta en la incertidumbre tras una renuncia tan sorpresiva como veloz. Gustavo Mariezcurrena, quien había asumido hace apenas trece días como jefe virtual de la Aduana de Ezeiza, presentó su dimisión alegando motivos personales y de salud. Su salida no es un movimiento menor: el abogado respondía directamente a Andrés Vázquez, titular de la flamante Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), y su nombramiento era visto como una pieza clave en el esquema de poder que el asesor Santiago Caputo proyecta sobre los organismos de recaudación.
El reemplazo ya está definido en los pasillos oficiales. Diego Liberatore, un funcionario de carrera que ya conoce el despacho principal de Ezeiza, volverá a ocupar la jefatura. Liberatore cuenta con un antecedente de peso en el área de control de depósitos fiscales y contenedores, habiendo liderado la Brigada de Fondeo durante la etapa de Ricardo Echegaray. Con su designación, el Gobierno busca dotar de una pátina de experiencia técnica a una oficina que es el corazón del comercio exterior y el control de divisas, pero que no logra escapar a la volatilidad política de los últimos dos años.
La relevancia de estos cambios reside en el carácter estratégico del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. No se trata solo de fiscalizar equipajes; allí se dirimen los controles en sectores críticos como Pistas, Fiscalización y Equipaje, áreas donde Vázquez ya había ejecutado una purga reciente para instalar cuadros leales. Junto con Liberatore, figuras como Matías Currao —quien reemplaza a Mariezcurrena en Control y Fiscalización— y Alejandra Natalia Rodríguez completan una cúpula que tendrá el desafío de normalizar la operatividad en un clima de desconfianza interna.
Un dato que no pasa inadvertido para los analistas de la administración pública es la consolidación de linajes dentro del organismo. Nicolás Andrés Vélis, hijo del actual director general de Aduanas, José Vélis, mantendrá un rol preponderante en el Departamento Operacional. Esta estructura, donde conviven apellidos con historia en el edificio de la calle Azopardo y nuevas figuras políticas, refleja la tensión permanente entre la continuidad técnica y la necesidad de control directo por parte de la Casa Rosada en una caja tan sensible para las reservas del Banco Central.
En definitiva, la brevísima gestión de Mariezcurrena expone la fragilidad de los acuerdos en los niveles jerárquicos de la Aduana. La terminal de Ezeiza, por donde transita el mayor volumen de importaciones de alto valor y flujos de pasajeros internacionales, no puede permitirse un estado de transición permanente. Mientras el Boletín Oficial formaliza los nuevos nombres, la pregunta que circula en el sector es si esta nueva cúpula logrará la estabilidad necesaria o si será apenas otro capítulo en la saga de una reforma aduanera que aún no logra hacer pie.