Pinamar: la escuela que recuperó la palabra al guardar los teléfonos bajo llave

Un colegio de Pinamar restringió el uso de celulares para combatir la distracción y fomentar la socialización. Tras una etapa de ansiedad, la medida impulsó el regreso del diálogo en los recreos y el uso de materiales de estudio físicos.

Foto: Infobae

En una era donde la hiperconectividad parece ser la norma, el Colegio Divisadero de Pinamar decidió realizar un experimento social y pedagógico que hoy arroja resultados sorprendentes. Según relató Infobae, la institución optó por restringir de forma drástica el uso de dispositivos móviles dentro de sus muros, transformando el silencio digital de los recreos en el regreso del bullicio y la interacción cara a cara. La iniciativa surgió tras observar que, incluso estando sentados uno al lado del otro, los estudiantes permanecían aislados en sus propias pantallas, una inercia que se profundizó tras la pandemia.

Del acompañamiento a la restricción necesaria

La transición no fue sencilla. Pamela Arigoni, directora del nivel secundario, explicó en una entrevista que durante 2023 intentaron fomentar la autorregulación. Sin embargo, la constante distracción y la pérdida de foco —incluso por una simple notificación— llevaron a las autoridades a tomar una medida más firme antes del inicio del ciclo 2024. Actualmente, los alumnos deben depositar sus equipos en cajitas o placares bajo llave apenas ingresan al edificio, pudiendo acceder a ellos únicamente en lapsos específicos del almuerzo o el segundo descanso.

Ansiedad, papel y el renacer de los vínculos

La implementación de esta política generó reacciones diversas. Arigoni describió episodios de ansiedad física en los varones y reticencia en los jóvenes de los últimos años, quienes llegaban a entregar aparatos rotos para conservar el propio. No obstante, al cabo de dos años, la atmósfera escolar cambió: los docentes recuperaron el tiempo de enseñanza que antes perdían controlando pantallas y los alumnos volvieron a los módulos impresos, al subrayado manual y a los dibujos sobre papel. Esta vuelta a lo analógico no solo mejoró la postura corporal de los chicos, sino que fortaleció su capacidad de concentración.

El colegio como refugio de la presencialidad

A pesar de la restricción, la institución no ignora la modernidad; de hecho, dicta materias sobre Inteligencia Artificial y convivencia digital para preparar a los jóvenes para el futuro laboral. Sin embargo, el mayor logro destacado es el fortalecimiento de los lazos humanos. Al no tener el celular como vía de escape constante, los estudiantes se ven “obligados” a dialogar, a escucharse y a participar en actividades grupales. Para muchos, la escuela se ha convertido en el único espacio diario donde la vida transcurre lejos de los algoritmos, ofreciendo una alternativa real a la soledad de las redes sociales.

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