“La Habana Vieja está vacía. Todo parece muerto”. La frase, que resuena entre los guías y comerciantes locales, resume el ocaso de la que fuera, durante décadas, la principal locomotora económica de Cuba. El turismo, fuente vital de divisas tanto para el Estado como para el sector privado, atraviesa un declive agudo que amenaza con desmoronar la precaria estabilidad de la isla.
El contexto no podría ser más hostil para el país de 9,6 millones de habitantes. La captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero cortó de raíz el flujo de petróleo que garantizaba el funcionamiento de la nación. A este golpe logístico se sumó la ofensiva de Donald Trump, quien amenazó con aranceles a cualquier país que suministre energía a Cuba. La respuesta fue inmediata: suspensión de rutas aéreas, cortes de luz masivos y una escasez de combustible que ha devuelto a los cubanos a las sombras del “Periodo Especial” de los años 90.
Un sistema eléctrico al borde del colapso
La crisis de combustible ha dejado al descubierto las debilidades estructurales de la isla. Con una matriz energética dependiente del crudo y plantas termoeléctricas obsoletas, la generación de electricidad se ha vuelto una tarea imposible. Desde el 7 de febrero, el racionamiento de gasolina y los apagones programados han paralizado la vida cotidiana, afectando desde el transporte público hasta la conservación de alimentos.
El turismo como víctima colateral
La falta de suministros básicos ha provocado el cierre de numerosos hoteles y una caída drástica en la llegada de visitantes. Sin divisas provenientes de los viajeros, el gobierno de Miguel Díaz-Canel se encuentra asfixiado, sin margen de maniobra para importar medicinas o alimentos esenciales.
Díaz-Canel ha denunciado un “criminal empeño del imperio” por asfixiar la economía cubana, bajo embargo desde los años 60. En un mensaje reciente, el mandatario afirmó: “La Revolución vuelve a enfrentar momentos difíciles, pero rendirnos no es una opción”. Sin embargo, para el cubano de a pie, la retórica oficial choca contra la realidad de calles vacías y hoteles desiertos. La parálisis turística no es solo un dato estadístico; es el golpe de gracia para una economía que se queda sin combustible y sin el oxígeno de los dólares extranjeros.









