Hay estadios que imponen respeto y climas que parecen presagiar tragedias, pero Lanús demostró que su mística no entiende de fronteras ni de presupuestos millonarios. Bajo una lluvia torrencial que castigó el césped del mítico Maracaná, el “Granate” escribió un guion de película para arrebatarle la Recopa Sudamericana a un Flamengo que, pese a sus estrellas, terminó rindiéndose ante el temple de un equipo que nunca se dio por vencido. Tras el 1-0 obtenido en la Fortaleza, el 2-1 en favor de los brasileños durante los 90 minutos estiró el drama hacia un tiempo suplementario que rozaba los penales, hasta que apareció la heróica.
El encuentro comenzó con un Nahuel Losada monumental, sosteniendo el arco argentino frente a las embestidas de Carrascal. Sin embargo, el destino premió primero la lucidez de Rodrigo Castillo, quien aprovechó un error grosero en la salida del arquero Rossi para facturar desde 30 metros y silenciar el estadio. Pero la ventaja fue efímera; un penal por mano de Carrera permitió que De Arrascaeta igualara las acciones, devolviéndole el alma a un “Mengão” que empujó por pura inercia y jerarquía individual.
El segundo tiempo fue un ejercicio de resistencia extrema para los de Pellegrino. Lanús se replegó, apostando a un orden táctico que se vio vulnerado a diez minutos del final, cuando una falta de Sepúlveda sobre De Arrascaeta —confirmada por el VAR— derivó en el segundo gol local, esta vez en los pies de Jorginho. Con el global igualado, el cansancio y el barro presagiaban una definición desde los doce pasos, pero el fútbol tenía guardada una última lección de orgullo para el equipo argentino.
A los 117 minutos, cuando las piernas ya no respondían y el aliento escaseaba, José Canale conectó un cabezazo certero que sentenció el empate en el partido y la ventaja en el global. Con un Flamengo volcado totalmente al ataque y desbordado por los nervios, Aquino selló el 3-2 definitivo en una contra letal durante el tiempo de descuento. El Maracaná, que minutos antes era una caldera, se vació a una velocidad asombrosa mientras los jugadores granates iniciaban un festejo bajo el agua que los consagra como los nuevos monarcas de la región.
Con este título, Lanús alcanza su cuarta conquista internacional, consolidando un proceso exitoso que hace apenas tres meses lo vio dar la vuelta en Asunción. En una era donde el poderío económico de Brasil parece inalcanzable, el “Grana” recordó que la gloria no se compra, se conquista con fútbol, sudor y una fe inquebrantable.