Este 8M nos recuerda que los grupos de mujeres y disidencias son, quizás, los genes más comunitarios que le quedan a esta sociedad fragmentada.
Este 8M nos recuerda que los grupos de mujeres y disidencias son, quizás, los genes más comunitarios que le quedan a esta sociedad fragmentada.

Queridos lectores, el mundo está anestesiado. Si, así es. Tiene que ser así, sino no puede explicarse tanta tolerancia a la maldad. Cada día desayunamos una tragedia atrás de la otra, los números y los porcentajes se han convertido en gráficos inertes que al final del día no logran conmover a nadie.
Vayamos a los números: Según los datos del Observatorio “Ahora que si nos ven” en 10 años del primer Ni Una Menos (entre el 3 de junio de 2015 y el 25 de mayo de 2025), Argentina contabilizó 2,827 femicidios —2,543 directos y 284 vinculados—, lo que arroja un promedio atroz de un crimen cada 31 horas. Esta violencia dejó, además, a 2,507 niños y niñas huérfanos, mientras que la crueldad se ensañó con las más jóvenes: el 23% de las adolescentes asesinadas habían sido desaparecidas previamente y el 21% sufrió abusos sexuales antes de su muerte. A estos números, faltan sumar de mayo a diciembre del 2025, y los que se llevan contabilizados entre el 1 de enero y el 27 de febrero del 2026: 43 víctimas fatales de violencia de género, en 60 días 43 femicidios. Sólo en lo que va del año ya hay 23 niños y niñas huérfanos.
Sin embargo el número ya no conmueve; lo ponemos en una gigantografía, cortamos la calle, lo explicamos una y otra y otra vez pero últimamente parece no encontrarse la punta al ovillo. Las cifras llegan despojadas de su carne. Digerimos las noticias rápidamente, acostumbrándonos a los datos tristes. Y no voy a profundizar en la pobreza y el desempleo, porque tendríamos que hacer tres columnas a parte.
Volviendo al tema, tal vez, hay algo en estos 10 años que explicamos mal o la marginación del.problema hizo de nuevo su laburo pero, la muerte, la desigualdad y la violencia estructural contra las mujeres y disidencias, no es un problema “de las mujeres y de las disidencias”. Es un problema de la sociedad toda. Sin embargo, de alguna manera , las atrocidades universales y el avance de la ultraderecha en el mundo, han logrado despojarnos a la colectividad de cualquier problemática, dejándonos a cada uno sorteando el malestar de forma individual. Mientras, a cambio nos han ofrecido manifestaciones de éxito, sanación y patraña esotérica. Es la individualización del malestar en su estado más puro. Nos han convencido de que el dolor es privado y, por ende, la solución también lo es. El capitalismo actual ha mutado en una suerte de meritocracia cósmica: una tecnología de despolitización que nos susurra que si no llegás a fin de mes es porque estás “vibrando bajo” o porque tu alma debe aprender una lección de carencia. La desigualdad ya no es una injusticia a combatir, sino un “bloqueo energético” a sanar en soledad. La derecha y los sectores más conservadores aman este discurso porque disuelve la idea de estructura: si todo es vibracional, nadie es responsable del hambre del otro.
Mientras se nos invita a “manifestar nuestra propia realidad”, los datos nos bajan a tierra: las mujeres en Argentina dedicamos 6,4 horas diarias a tareas de cuidado, el doble que los varones. Es la carga mental invisible: turnos médicos, comidas, horarios y la previsión de todo lo que viene después. Esta desigualdad se traduce directamente en nuestros bolsillos: la brecha salarial en Argentina promedia el 27%, pero se ensancha al 14,8% en puestos jerárquicos, donde la disponibilidad total que exige el mercado choca con el tiempo que destinamos a cuidar. Una mujer informal debe trabajar 10 días más al mes que un hombre para ganar lo mismo, según datos obtenidos de Bumerang, portal de empleo y reclutamiento online líder en Latinoamérica.
Mientras en las redes celebramos los “pequeños gestos” de colaboración del hogar por simplemente bajar la bolsa de basura —una tarea con principio y final — de frente tenemos un sistema que no descansa.
A la explotación laboral le sumamos la tiranía del espejo y los estándares de belleza. Argentina es el segundo país con más casos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del mundo, solo detrás de Japón, y el cuarto en cirugías estéticas (según datos de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia – ALUBA y la ISAPS), el 90% de las víctimas de TCA son mujeres. No es casualidad. El algoritmo nos rige la vida bajo una consigna perversa: ahora no solo hay que trabajar, parir y cuidar; también hay que ser sensuales, exitosas, tener dinero propio y, bajo ningún concepto, envejecer o engordar. Cada logro de nuestra lucha parece haberse convertido en una nueva deuda con la sociedad.
¿Y qué nos devuelve la actualidad? Péndulos, velas, sanación — hasta tapping— una suerte de catarsis simbólica. Finalmente, en la mirada esotérica donde buscamos confort, solo hay soledad. La salida nunca ha sido, ni será, individual. Este 8M nos recuerda que los grupos de mujeres y disidencias son, quizás, los genes más comunitarios que le quedan a esta sociedad fragmentada. Son las redes de cuidado, las ollas populares, las amigas que se sostienen la mirada y el cuerpo de las que realmente frenan la caída.
Como dijo Lucrecia Martel en una entrevista por estos días: “No hay que temerle a nuestro tiempo”. Este es el tiempo que nos tocó habitar, un tiempo que nos quiere aisladas frente a la pantalla, manifestando realidades imposibles mientras nos desangramos en lo cotidiano. Pero no tenemos porqué aceptar el destino que nos venden como karma. La política es recuperar lo común. Es entender que mientras uno baja una bolsa, la otra sostiene el mundo, pero que si nos soltamos, el mundo se cae para todos.
Hay que hacer lo que haya que hacer: volver a mirarnos, volver a la calle, volver a lo colectivo. Porque la única limpieza de energía que realmente funciona es la organización popular.
En medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito, Manuel Adorni pidió sumarse al sistema pero no fue el único del Ejecutivo.
En un mercado laboral reconfigurado, los factores monetarios y no monetarios definen el atractivo del talento. Conocé las compañías y los sectores líderes del año.
Una mañana accidentada en territorio porteño dejó múltiples personas lesionadas y complicaciones en el tránsito tras tres violentos siniestros viales.
El triunfo fue para el británico Lewis Hamilton, que ganó después de casi dos años y se ilusiona con pelear el campeonato.
Las FDI bombardearon objetivos de Hezbolá en el barrio de Dahye. En paralelo, una delegación catarí busca destrabar un acuerdo clave en Teherán.
Los neoyorkino se quedaron con el quinto partido de las Finales de la National Basketball Association ante San Antonio Spurs por 90-94 y se consagraron campeones.
Cada 14 de junio se concientiza sobre la importancia de este acto altruista. Te contamos qué se necesita para donar y por qué la sangre no se puede fabricar.
Tras 36 días de violentos bloqueos y desabastecimiento, la COB y la Federación Túpac Katari dejan de exigir la renuncia del presidente y buscan abrir una agenda de trabajo.