Cuba se sumergió este lunes en una oscuridad absoluta. Tras semanas de déficits energéticos crónicos, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió una desconexión total que paralizó a la isla de punta a punta. La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó la activación de protocolos de emergencia, aunque advirtió que el restablecimiento del servicio será un proceso lento debido a la magnitud de la avería y el estado crítico de las centrales termoeléctricas.
El colapso no fue un evento aislado, sino el desenlace previsible de una jornada que comenzó con pronósticos alarmantes: la UNE había estimado que el 62% del país estaría sin suministro durante las horas de mayor demanda. Sin embargo, la brecha entre una demanda de 3.150 MW y una disponibilidad de apenas 1.220 MW terminó por forzar la caída completa de la red. Actualmente, nueve de las dieciséis unidades de generación del país están fuera de servicio por roturas o mantenimientos postergados.
Infraestructura en ruinas y falta de divisas
La crisis energética cubana es el reflejo de un sistema que opera al límite de su vida útil. La dependencia de plantas termoeléctricas con décadas de antigüedad y de combustibles importados ha dejado al país vulnerable ante cualquier fluctuación externa. A la falta de inversión estructural se suma el recorte en los envíos de crudo desde Venezuela y el impacto de las recientes sanciones de Estados Unidos, que dificultan la compra de repuestos y petróleo en el mercado internacional, hoy encarecido por el conflicto en Medio Oriente.
Las consecuencias sociales son devastadoras. En las calles de La Habana y el interior del país, el malestar escala ante la imposibilidad de conservar alimentos o mantener servicios básicos funcionando. “Llevamos días sin corriente, no podemos trabajar”, denuncian residentes bajo el anonimato. Los hospitales y escuelas operan bajo condiciones precarias, mientras la actividad industrial se encuentra virtualmente paralizada.
Un escenario de inestabilidad social
Este nuevo apagón generalizado ocurre en un clima de creciente tensión política. En los últimos meses, los cortes de luz —que en algunas provincias superan las 18 horas diarias— han sido el detonante de masivas protestas contra el régimen de Miguel Díaz-Canel.
Analistas internacionales coinciden en que la crisis no tiene una solución a corto plazo. Sin una inyección masiva de capital para modernizar las plantas y un suministro estable de combustible, los colapsos como el de este lunes se volverán cada vez más frecuentes, amenazando con un parate económico total en una isla que ya atraviesa su peor crisis humanitaria en décadas.