La relación entre el Gobierno Nacional y el Banco de la República alcanzó este martes su punto de máxima ruptura. Tras una sesión en la que la Junta Directiva decidió, con una votación de cuatro contra tres, incrementar la tasa de interés en 100 puntos básicos, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, abandonó el recinto y declaró el fin de la participación oficial en las deliberaciones del emisor.
El presidente Gustavo Petro respaldó la medida a través de sus redes sociales, calificando la postura del Banco como una “oposición suicida”. Según el mandatario, la mayoría de la Junta prioriza las ganancias del sector financiero sobre la estabilidad del presupuesto nacional. Petro argumentó que el alza en los intereses no controla la inflación de alimentos y, por el contrario, pone en riesgo el crecimiento económico del país.
Impacto en la institucionalidad
Expertos y exmiembros del Banco de la República señalaron que esta acción carece de antecedentes en los 35 años de autonomía de la entidad. El exgerente Juan José Echavarría advirtió que la independencia del organismo es vital para combatir la inflación, a la que definió como el impuesto más regresivo para los ciudadanos.
Por su parte, el abogado y exsecretario de la Junta, Gerardo Hernández Correa, recordó que la presencia del Ministro de Hacienda es un requisito estatutario para la toma de decisiones, por lo que su ausencia sistemática podría derivar en sanciones disciplinarias por parte de la Procuraduría.
El clima de tensión se intensificó cuando el ministro Ávila filtró el resultado de la votación y el nuevo nivel de las tasas antes del comunicado oficial del Banco. Roberto Steiner, excodirector de la entidad, manifestó que este movimiento busca generar zozobra e irrespetar el gobierno corporativo de las instituciones estatales.