Mariano Páez fue filmado realizando gestos de mono y jactándose de ser “usurero”. Mientras él alega que el video es trucado, su hija calificó el hecho como “lamentable”.
Mariano Páez fue filmado realizando gestos de mono y jactándose de ser “usurero”. Mientras él alega que el video es trucado, su hija calificó el hecho como “lamentable”.

Lo que debía ser una íntima celebración por el regreso de Agostina Páez a la Argentina, tras dos meses de detención en Río de Janeiro, se transformó en un nuevo foco de conflicto. Su padre, Mariano Páez, fue captado en un bar de Santiago del Estero replicando el mismo gesto de mono que llevó a su hija a enfrentar una causa penal por injuria racial en Brasil.
En el video, que se viralizó rápidamente, se ve al empresario burlándose de la situación judicial que casi condena a su hija a 15 años de prisión.
Entre risas y gestos simiescos, Páez lanzó declaraciones que rozan lo delictivo: “Asco. Yo al Estado le tengo asco, yo no vivo de la política. Soy empresario, millonario y usurero. Y narco… narco, privado”, disparó frente a los presentes.
Además, el hombre reclamó por los 18 mil dólares que aportó para la fianza total de 20 mil, quejándose de la falta de apoyo oficial: “Ninguna autoridad argentina me dio ni un peso”, sentenció, dejando en claro su resentimiento hacia la gestión pública.
Frente al revuelo, Mariano Páez ensayó una defensa que apunta a la tecnología. Aseguró que el video “está trucado” y que intentaron chantajearlo. “No sé cómo lo han hecho, puede ser con inteligencia artificial. Me pidieron $5 millones para que no se difunda”, explicó, aunque admitió ser un “habitué” del bar donde se grabaron las imágenes.
Según su versión, se trata de una campaña de odio en su contra.
A pocas horas de haber aterrizado en Aeroparque, Agostina Páez se vio obligada a emitir un comunicado para despegarse de la conducta de su padre. Visiblemente afectada, la joven abogada fue tajante en su repudio: “Lo que se ve es lamentable y lo repudio completamente. Él me acompañó en el momento difícil que pasé, pero no puedo ni me corresponde responsabilizarme por sus actos”.
Páez, quien regresó al país junto a su defensora Carla Junqueira, intentó marcar una diferencia ética entre su proceso personal y el comportamiento de su progenitor.
“Yo me hago cargo de lo mío: reconocí mis errores y pedí disculpas. Hoy estoy enfocada en reconstruirme”, señaló, cerrando con una frase que resume su agotamiento: “No se termina más esta pesadilla. Qué horror”.
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