Netanyahu ganó las elecciones, pero no tiene los votos para formar gobierno

Las elecciones en Israel cerraron sin una mayoría clara en la Knesset: el Likud de Netanyahu lidera el recuento, pero tanto el oficialismo como el bloque opositor de Eisenkot quedaron lejos de los 61 escaños, abriendo un escenario de parálisis política.

Elecciones en Israel. Foto: Web

El veredicto de las urnas en Medio Oriente dejó un rompecabezas parlamentario infernal donde nadie puede cantar victoria todavía. En una contienda marcada por una concurrencia histórica de votantes y los nervios a flor de piel tras meses de conflicto bélico ininterrumpido, el Likud de Benjamín Netanyahu logró posicionarse al frente de la contienda individual, pero quedó lejísimos de asegurarse las llaves del poder legislativo. Con más de la mitad de las mesas escrutadas al amanecer, el tablero de bancas arroja una paridad asfixiante que no le permite a ninguno de los dos grandes bloques alcanzar el ansiado piso de sesenta y un escaños para coronar a un primer ministro sin atravesar un laberinto de rosca política interminable.

En la vereda de enfrente, el espacio centrista comandado por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot festejó con bombos y platillos los primeros sondeos en los búnkeres de Tel Aviv, soñando con ponerle punto final a casi dos décadas de hegemonía del líder conservador. Sin embargo, la euforia opositora chocó rápido contra la dura matemática de la Knesset: sumando a sus socios tácticos como Naftali Bennett y Yair Lapid, las proyecciones apenas los arriman a poco más de cincuenta voluntades propias. Con semejante dispersión de fuerzas, la sombra de una parálisis institucional prolongada se adueñó de las redacciones, abriendo la puerta a meses de negociaciones extenuantes o incluso a la pesadilla recurrente de tener que convocar a nuevas elecciones generales en el corto plazo.

Sospechas de compra de voluntades, denuncias cruzadas y el factor árabe

La jornada electoral estuvo atravesada desde temprano por una tensión feroz que los candidatos alimentaron minuto a minuto a través de sus teléfonos, aprovechando que las leyes locales no imponen veda proselitista durante el sufragio. Promediando la tarde, el primer ministro encendió las alarmas denunciando intentos de fraude, asegurando que tres dirigentes vinculados a partidos de origen árabe habían caído presos en el sur con sobres repletos de efectivo para torcer voluntades en los cuartos oscuros. Aunque los organismos de fiscalización aclararon que se trató de un hecho aislado que ni siquiera llegó a rozar las escuelas habilitadas, la jugada sirvió como combustible para que el oficialismo intentara movilizar a sus bases en las barriadas donde la participación venía remolona.

En ese tablero dividido con bisturí, las agrupaciones que representan a la minoría árabe del país vuelven a transformarse en los árbitros silenciosos de la contienda. Con un caudal que ronda entre dieciséis y dieciocho bancas sumadas, el peso de bancadas como Ra’am o la Lista Conjunta puede inclinar la balanza, aunque su inserción formal en cualquier acuerdo genera urticaria en ambos extremos del espectro político. Mientras los sectores ultranacionalistas de la coalición gobernante agitan el fantasma de una entrega soberana si la oposición negocia con estas bancadas, los asesores de Eisenkot prefieren esquivar una foto formal de gabinete con ellos, aunque en los pasillos admiten que podrían necesitar de su visto bueno tácito para desbancar definitivamente a Netanyahu del sillón de mando.

Un plebiscito sobre el futuro institucional y la herida abierta del conflicto

Para la ciudadanía que abarrotó los colegios electorales —superando holgadamente el setenta y cuatro por ciento del padrón total— la votación funcionó como un auténtico examen de conciencia sobre el rumbo del Estado. Decenas de miles de ciudadanos radicados en el extranjero tomaron aviones de apuro para votar, entendiendo que lo que estaba en juego en las cabinas era el alma misma del país: por un lado, la continuidad de un esquema de poder ultrarreligioso y conservador encabezado por un líder procesado por sobornos; por el otro, la promesa de una reconstrucción institucional de corte laico que promete una comisión investigadora para revisar a fondo las fallas de inteligencia y defensa ocurridas en los ataques de octubre de 2023.

La pulseada final quedó ahora en manos del presidente de la nación, quien en los próximos días deberá iniciar la ronda formal de consultas con todos los jefes de bancada para definir a quién le encomienda la misión de tejer alianzas. Si la matemática sigue sin cerrar y los vetos cruzados dinamitan cualquier intento de coalición, Netanyahu podría seguir en su cargo como jefe interino, estirando su permanencia en el poder mientras la sociedad procesa el desgaste de una campaña militar interminable y un aislamiento diplomático que no para de crecer. 

Nota escrita por:

Esta nota se actualizó a las:

Te recomendamos...
Ucrania y Rusia ACORDARON cese al fuego en Oleshki

Ante el desabastecimiento crítico por meses de asedio, Rusia y Ucrania acordaron un alto el fuego en Oleshki hasta el 1 de noviembre para permitir el ingreso de asistencia básica y coordinar la evacuación de civiles atrapados.

Más de 300 soldados de EE. UU. llegan a Colombia

Más de 300 soldados norteamericanos llegaron al Fuerte Militar de Tolemaida para el ejercicio Vanguardia del Sur 2026, enfocado en narcotráfico, drones y evacuaciones médicas, en medio de tensiones legislativas sobre la autorización previa del Senado.