La aviación israelí ejecutó este domingo una oleada de ataques estratégicos sobre la capital iraní, centrando sus objetivos en instalaciones de producción de armamento y centros de mando. Aunque los blancos precisos no han sido confirmados, la operación marca una profundización de la campaña militar contra la infraestructura del régimen.
En este contexto de fuego cruzado, el presidente Donald Trump confirmó el rescate de un piloto estadounidense cuyo caza F-15E Strike Eagle había sido derribado por fuerzas iraníes. Según el mandatario, el militar se encuentra “gravemente herido”, un hecho que ha servido para endurecer la postura de la Casa Blanca.
A través de su red social Truth Social, Trump lanzó un ultimátum brutal vinculado al bloqueo del Estrecho de Hormuz, una de las rutas petroleras más importantes del mundo. “Abran el maldito estrecho o vivirán en el infierno”, sentenció el republicano, insinuando que el plazo para evitar una intervención directa de EE. UU. vence este martes a las 08:00 (hora del este).
La clave económica: El control del Estrecho de Hormuz es vital. Por este paso circula aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo líquido. Cualquier cierre prolongado dispararía los precios globales de la energía a niveles históricos.
Petróleo e infraestructura en la mira
En una entrevista con Fox News, Trump fue más allá de la diplomacia tradicional. Si bien manifestó cierta confianza en lograr un acuerdo de último minuto con Teherán, dejó clara cuál será la consecuencia del incumplimiento: la destrucción total de la infraestructura energética iraní.
“Estamos contemplando volarlo todo por los aires y tomar el control del petróleo iraní”, advirtió el mandatario. Esta estrategia busca asfixiar económicamente al régimen atacando sus activos más valiosos, lo que transformaría la actual guerra de desgaste en un conflicto regional de gran escala con implicancias directas en el suministro energético global.
Con las fuerzas de Israel operando sobre el cielo de Teherán y la Marina de EE. UU. en alerta máxima en el Golfo, las próximas 48 horas serán determinantes para definir si el mundo se asoma a una guerra abierta o a una tregua forzada por la presión militar.