En medio de una jornada marcada por la protesta social y la detención de activistas, el Congreso debate una modificación normativa que amenaza la integridad de las reservas hídricas estratégicas de Argentina bajo la presión de sectores extractivos.
En medio de una jornada marcada por la protesta social y la detención de activistas, el Congreso debate una modificación normativa que amenaza la integridad de las reservas hídricas estratégicas de Argentina bajo la presión de sectores extractivos.

La República Argentina atraviesa una de las encrucijadas legislativas más críticas de las últimas décadas en materia de recursos naturales. Este miércoles, la Cámara de Diputados sesiona para tratar la reforma de la Ley de Glaciares, una normativa que desde su sanción en 2010 ha funcionado como el último baluarte de protección para las fábricas de agua dulce del país. Sin embargo, el proyecto impulsado por el actual Ejecutivo, lejos de proponer una actualización técnica necesaria, se perfila como una claudicación ante intereses económicos concentrados que ven en la zona periglacial un obstáculo para la rentabilidad inmediata.
La seriedad periodística obliga a despojar el debate de tecnicismos distractores y centrarse en el fondo de la cuestión: el cambio en la definición de las áreas protegidas. El nuevo texto pretende restringir la protección solo a aquellos glaciares que cumplan con dimensiones arbitrarias o que tengan una función hídrica “demostrada” según estándares que ignoran la dinámica sistémica de la montaña. Esta modificación no es menor; es la llave maestra para autorizar la actividad minera e hidrocarburífera en zonas donde hoy la ley, con un criterio precautorio y científico, lo prohíbe terminantemente.
La verdadera amenaza de esta reforma reside en el desamparo del ambiente periglacial. Esta zona, que rodea a los glaciares y contiene suelos congelados (permafrost), actúa como un regulador hídrico fundamental, especialmente en las provincias cordilleranas donde las sequías son cada vez más severas. Al debilitar su estatus de protección, el Estado argentino está rifando la seguridad hídrica de futuras generaciones.
No se trata de una postura fundamentalista, sino de una lectura rigurosa de la realidad climática global. En un contexto de calentamiento acelerado, donde los glaciares ya se encuentran en retirada, facilitar su degradación a través de la actividad industrial —que genera polvo, vibraciones y alteración de escurrimientos— es un acto de irresponsabilidad institucional. La ciencia ha sido clara: sin ambiente periglacial no hay equilibrio hídrico en las cuencas.
La detención de nueve activistas de Greenpeace en la Plaza de los Dos Congresos este miércoles es un síntoma de la debilidad de los argumentos oficiales. Cuando la respuesta a la defensa de un bien común como el agua es el despliegue de fuerzas de seguridad y la detención de ciudadanos, queda en evidencia que la reforma carece de consenso social.
Argentina no puede permitirse retroceder en estándares ambientales que fueron pioneros en el mundo. La ley vigente no es un capricho; es el resultado de años de lucha de comunidades locales, científicos y organizaciones que entendieron que el oro o el litio no pueden valer más que el agua. Los legisladores tienen hoy la responsabilidad histórica de decidir si representan el mandato de preservación de sus provincias o si se convierten en gestores de intereses corporativos. La Ley de Glaciares no necesita “flexibilidad”; necesita una aplicación efectiva para asegurar que la cordillera siga siendo la fuente de vida que sostiene al país.
A través de dos resoluciones publicadas este martes en el Boletín Oficial, la Secretaría de Energía elevó el tope de consumo eléctrico bonificable a 500 kWh en las regiones más calurosas y fijó rebajas de hasta el 50% en la factura de gas para la Patagonia, la Puna y otros distritos.
León XIV mantendrá reuniones reservadas con víctimas de abusos eclesiásticos durante su gira de noviembre por Uruguay, Argentina y Perú. El Vaticano confirmó los encuentros para manifestar cercanía pastoral y abrir caminos de sanación.
Un inversor, patrocinado por Juan Grabois, presentó un recurso para evitar el cierre de la investigación por la criptomoneda que promocionó el Presidente. Denuncian ignorar pruebas clave, ocultar operaciones millonarias con información privilegiada y exigen que se cite a declarar a todos los involucrados.
Funcionarios del Gobierno nacional ratificaron en la Cámara de Diputados la eliminación de 81.108 empleos estatales desde 2023, en el marco del debate por el Presupuesto 2027 para consolidar el plan de ajuste fiscal.
A minutos del cierre de los comicios, la asistencia a las urnas superó el 74%. El oficialismo, preocupado por la baja afluencia en sus bastiones, pidió extender el horario de votación, pero la autoridad electoral rechazó la solicitud.
José Luis Espert apeló ante la Cámara Federal de San Martín su procesamiento por presunto lavado de 200.000 dólares vinculados a Federico Machado. La presentación rechazó el fallo del juez Lino Mirabelli y exigió levantar un embargo de $1.000 millones.
El legislador negó que el excandidato presidencial haya huido a Estados Unidos, luego de que el juez Alexandre de Moraes le prohibiera salir de Brasil y retuviera sus pasaportes. El Gobierno argentino confirmó que no existen registros de su ingreso al país.
Bunge clausuró su planta química en Campana tras 50 años de actividad, debido a costos y obsolescencia técnica. La medida desvinculó a 110 trabajadores directos, mientras el gremio denuncia que el impacto total alcanzará a 200 personas.