Dante Ortega y su valiente confesión: “Le pedía a Dios que dejara de hacerme gay”

El hijo de Sebastián Ortega y Guillermina Valdés rompe el silencio sobre su identidad, el peso de la herencia familiar y cómo enfrenta los ataques de odio en las redes sociales.

Dante Ortega tiene 24 años y carga con un apellido que es sinónimo de la cultura popular argentina. Sin embargo, detrás del hijo de Sebastián Ortega y Guillermina Valdés, y del nieto de “Palito”, asoma un joven de una sensibilidad profunda que ha decidido dejar de esconderse. Hoy, mientras prepara su primer EP y estudia astrología, Dante se planta frente a los prejuicios con una madurez que asombra.

El peso de una herencia artística

Crecer en el “clan Ortega” implica convivir con el arte en cada rincón. Dante reconoce que existe un lazo invisible que une a su abuelo, sus tíos y sus padres.

“Hay como un sello genético porque a todos nos gusta algo relacionado con el arte, la música, la actuación. No sé si viene de los genes o es porque nos criamos escuchando música, mi abuelo siempre en el piano”, reflexionó en una entrevista brindada a Infobae.

Aunque su padre es uno de los productores más importantes del país, Dante busca su propio norte. De hecho, confiesa su admiración por el cine de su tío Luis, destacando su paciencia y falta de resultadismo.

“Siento que no voy a necesitar de él (su padre Sebastián) para ser quien quiero ser. Por más que a él le vaya bien, yo voy a encontrar mi camino”, sentencia con seguridad.

El dolor de los años en secreto

A pesar de su presente luminoso, el camino hacia su identidad sexual fue sinuoso. Durante su adolescencia, Dante vivió su orientación como una carga dolorosa.

En un relato estremecedor, confesó que rezaba buscando un cambio: “Decía ‘Padre nuestro que estás en el cielo’… y le pedía a Dios ‘por favor, deja de hacerme gay’”. En aquel entonces, el miedo al rechazo —el mismo que hoy encuentra en algunos comentarios de redes sociales— era su mayor fantasma.

Hoy, esa etapa quedó atrás. Dante prefiere no encasillarse en etiquetas fijas, dejando la puerta abierta a lo que el destino le depare. “Soy lo que soy y con mucha felicidad y honra. ¿Por qué voy a poner tanto eje en mi sexualidad? Soy un montón de otras cosas más”, afirma.

Frente al odio, una “pirámide de vaselina”

Dante también se ha convertido en un referente a la hora de responder a los “haters”. Tras un reciente video probando chocolates con sus hermanas, recibió ataques por su apariencia y orientación, ante los cuales respondió con altura.

Entiende que la discriminación nace de una estructura prejuiciosa y, citando a Moria Casán, asegura que para sobrevivir en el entorno digital hay que tener una “pirámide de vaselina”. Con la frente en alto, concluye: “Dios me hizo así… y si fuésemos todos iguales, el mundo sería más aburrido”.

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