Nadar en agua fría podría mejorar el estado de ánimo

Más de 6,8 millones de personas en Inglaterra nadan regularmente al aire libre o en piscinas exteriores, muchas de ellas en aguas frías. Estudios recientes sugieren que la natación invernal reduce la fatiga y mejora el bienestar, pero también advierten sobre hipotermia, problemas cardíacos y casos de pérdida de memoria transitoria en adultos mayores.

Varios estudios en humanos han analizado el impacto de nadar en agua fría sobre la salud. Foto: Web.

La ciencia comienza a validar lo que millones de nadadores en aguas abiertas aseguran: el frío transforma la mente. Un reciente estudio liderado por la doctora Ala Yankouskaya, de la Universidad de Bournemouth, analizó mediante resonancia magnética funcional el cerebro de 33 adultos tras sumergirse en agua a 20 °C. Los resultados revelaron cambios significativos en la interacción entre la corteza prefrontal medial y el lóbulo parietal, áreas responsables de la atención y la toma de decisiones.

Química de supervivencia

El impacto del agua helada desencadena una respuesta de estrés agudo. El cerebro orquesta una liberación inmediata de dopamina, cortisol y adrenalina. Este “cóctel de supervivencia” es una estrategia evolutiva para movilizar energía ante una amenaza mortal.

En el contexto moderno, este aumento artificial de neurotransmisores explica la euforia y la reducción de síntomas de ansiedad reportados por los practicantes habituales.

Asimismo, investigaciones en la Universidad de Portsmouth sugieren que el cuerpo desarrolla una aclimatación tras apenas seis inmersiones. El médico Heather Massey indica que la respuesta de choque térmico, que incluye taquicardia y respiración incontrolada, puede reducirse a la mitad con la práctica constante. Este proceso de adaptación parece “entrenar” al sistema nervioso para manejar el estrés de manera más eficiente en la vida cotidiana.

Los claroscuros del beneficio

No obstante, el rigor científico obliga a observar los efectos secundarios. Se han documentado casos aislados de pérdida de memoria transitoria en adultos mayores tras nadar en temperaturas bajas.

Por otra parte, si bien estudios en ratones muestran que la proteína RBM3 —liberada por el frío— protege las conexiones neuronales contra enfermedades como el Alzheimer, los expertos advierten que estos efectos neuroprotectores aún no han sido demostrados fehacientemente en seres humanos.

Seguridad ante todo

La Real Institución Nacional de Botes Salvavidas (RNLI) enfatiza que nadar en aguas por debajo de los 15 °C no es una actividad exenta de peligro. El choque térmico puede provocar inhalaciones bruscas de agua y fallos cardíacos en personas con condiciones preexistentes. Por ello, se recomienda el uso de boyas de seguridad, gorros de colores brillantes y, fundamentalmente, nunca realizar la actividad en solitario.

¿Es la natación invernal una herramienta definitiva para la salud mental o un riesgo innecesario para el corazón? El debate sigue abierto, pero la conectividad cerebral detectada en laboratorio sugiere que el frío, bien gestionado, es mucho más que un simple desafío físico.

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