El automovilismo de elite no solo se define en la pista, sino también en el tablero geopolítico. Ante las persistentes cancelaciones y la inestabilidad de las fechas en Medio Oriente que mantienen en alerta a la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y a Formula One Management (FOM), la Ciudad de Buenos Aires decidió acelerar a fondo: ejecuta la reforma más profunda en los 74 años de historia del Autódromo Oscar y Juan Gálvez.
Ejes del megaproyecto en el Coliseo porteño:
Inversión millonaria: Un desembolso de 100 millones de dólares mediante alianza público-privada.
Oportunidad internacional: Aprovechar la fragilidad del calendario en el Golfo Pérsico para posicionarse hacia 2027/2028.
Infraestructura de vanguardia: Homologación Grado 1 de la FIA y Clase A de la FIM para F1 y MotoGP.
El factor geopolítico: de la tensión en el Golfo al sueño porteño
Ausente del país desde el 12 de abril de 1998, cuando Michael Schumacher se impuso con Ferrari, la Fórmula 1 vuelve a figurar como una posibilidad en el horizonte de la capital argentina. La inestabilidad en el mapa de Medio Oriente —que obligó a cancelar competencias e improvisar fechas de reemplazo en Europa y Asia— reabrió el abanico para reconfigurar el calendario internacional.
Frente a esta coyuntura, el Gobierno porteño unificó las etapas de obra para acelerar los plazos y finalizar los trabajos principales el 1 de febrero. La meta estratégica es dejar la pista en condiciones reglamentarias antes del arribo de las inspecciones internacionales. Aunque la competencia global incluye rivales con presupuestos multimillonarios como Tailandia, Sudáfrica y Ruanda, Buenos Aires busca ofrecer un circuito homologado y disponible ante vacantes de emergencia.
Reingeniería en la pista: la temible Curva 9 y 18.000 caños de drenaje
La transformación no es meramente superficial; involucra un rediseño que resuelve el histórico problema de los anegamientos en el predio. El proyecto incorpora un sistema de evacuación de agua compuesto por 18.000 caños conectados a dos cuencas principales que derivarán el fluido directamente hacia el Riachuelo y la zona de la Horquilla.
En términos de trazado, la variante diseñada para la F1 se extenderá por 4.900 metros con 15 curvas. La gran atracción técnica es la renovada Curva 9, proyectada con una pendiente longitudinal del 4,2 % y un peralte del 4 %, configurando un sector de alta exigencia para los pilotos. Asimismo, la recta principal se ensanchará a 18 metros, permitiendo promedios de vuelta de 225 km/h y picos de velocidad máxima de 340 km/h.
La obra incluye además la construcción de un edificio con 32 garajes de 7 metros de frente, una torre de control de última generación y un imponente túnel de 4,6 metros de altura por 11 metros de ancho, diseñado para facilitar el ingreso de los camiones de gran porte de los equipos.
Un aforo para 150 mil espectadores y el regreso de las dos ruedas
Más allá de las gestiones por la Máxima, el trazado porteño ya aseguró el retorno del Campeonato Mundial de Motociclismo (MotoGP) para el periodo 2027-2030, marcando el regreso de la categoría a la capital tras casi tres décadas. Asimismo, las autoridades locales mantienen conversaciones con los promotores del Campeonato Mundial de Resistencia (FIA WEC) para articular una fecha en julio de ese mismo año.
Para albergar el flujo de fanáticos, la capacidad total del complejo pasará de sus tradicionales 60.000 lugares a más de 80.000 para el motociclismo, proyectando una ampliación hasta los 150.000 espectadores en caso de concretarse el Gran Premio de F1. La logística contempla tres nuevas tribunas fijas de hormigón, 29 estructuras tubulares desmontables y accesos sobre las Avenidas 27 de Febrero y Roca.
La carrera contra el reloj ya comenzó en el sur de la Ciudad. Con las máquinas trabajando a ritmo continuo en la pista, Buenos Aires no solo busca modernizar su catedral deportiva, sino también posicionarse como una alternativa sólida en el mapa del automovilismo mundial.