Deterioro del activo oficialista y brecha con la sociedad
El respetado editorialista Claudio Jacquelin señala que Javier Milei empieza a perder contra sí mismo. Un creciente pesimismo se instala en la sociedad ante el estancamiento de la inflación, el aumento del desempleo, la pobreza y el agudo sobreendeudamiento de las familias. Las encuestas de Poliarquía y Escenarios indican que el 63,4% considera incorrecto el rumbo del país y un 52,9% prevé un empeoramiento personal.
A ello se suma la percepción de que el Gobierno actúa pensando en “algunos sectores” y no en la mayoría, agravada por la falta de empatía de la cúpula oficialista: el Presidente descalificó a los morosos atribuyéndoles “ignorancia financiera” y Luis Caputo tildó de “tarados” a quienes advierten sobre el freno industrial. Jacquelin enfatiza esta insensibilidad gubernamental:
“La idea de que ‘Milei y su Gobierno no hablan de mí ni se preocupan por mis problemas’ es un concepto cada vez más instalado, que se esparce como una mancha de aceite por muchos ámbitos sociales y geográficos”.
Reveses legislativos y cortocircuitos internos
La falta de viabilidad política derivó en derrotas severas, como el estancamiento de la ley de tierras en el Senado —frenada por la resistencia de un activado “nervio nacionalista”— y la paralización del comercio marítimo por la desregulación del practicaje. Estos fracasos desgastaron la figura de Federico Sturzenegger, cuestionado por la propia Karina Milei. En este marco de zozobra, el intento presidencial de instalar el debate de la reelección para 2027 y proponer nombres para su fórmula tuvo una fugaz repercusión.
Reorganización opositora y síntomas del descontento
El resurgimiento de Cristina Kirchner al recurrir a la ONU obstaculiza la renovación del panperonismo, pero no logra recuperar el terreno perdido para el kirchnerismo frente a las demandas ciudadanas. Sin embargo, la oposición empieza a articular maniobras tácticas: gobernadores dialoguistas y dirigentes como Sergio Massa o Juan Manuel Olmos perciben una oportunidad electoral ante el estancamiento del oficialismo.
El desencanto juvenil, por su parte, migra hacia figuras que proyectan autenticidad e integridad radical, destacándose Myriam Bregman con diferencial de imagen positivo. Jacquelin concluye que la mayor fortaleza del Presidente radica en que, aunque “Milei pierde con Milei”, aún no surge una alternativa capaz de capitalizar el descontento.