Entrenadores bajo presión: sólo 12 superan un año en el cargo

Un relevamiento sobre 88 clubes de Primera División, Primera Nacional y Primera B Metropolitana muestra la fragilidad de los procesos en el fútbol argentino. La permanencia media es de pocos meses y apenas 12 entrenadores llevan más de un año al frente de sus equipos.

Directores técnicos argentinos

Cambiar de entrenador se convirtió en una de las respuestas más habituales de los clubes argentinos frente a una mala racha. Una derrota puede acelerar una decisión dirigencial, un torneo puede modificar por completo las expectativas y hasta un proyecto que parecía consolidado puede quedar en duda después de algunas fechas. En ese contexto, sostener un ciclo durante un año se transformó en una excepción.

Un relevamiento realizado sobre 88 clubes de Primera División, Primera Nacional y Primera B Metropolitana permite dimensionar esa inestabilidad. Al 14 de agosto de 2026, sólo 12 entrenadores superan los doce meses consecutivos en sus cargos. Es decir, apenas el 13,6% del total analizado.

La situación tampoco es exclusiva de la máxima categoría. En Primera División, nueve de los 30 entrenadores relevados llevan más de un año en el puesto. En Primera Nacional son seis sobre 36, mientras que en la Primera B Metropolitana apenas tres de 22 alcanzan esa marca.

La fotografía general muestra, así, un fútbol en el que la continuidad se volvió un bien escaso y donde los entrenadores trabajan con plazos cada vez más cortos para demostrar resultados.

Los que lograron resistir

Entre los entrenadores que consiguieron escapar a esa lógica aparece Alfredo Berti, que atraviesa uno de los ciclos más extensos de la Primera División al frente de Independiente Rivadavia. El técnico suma 717 días en el cargo y encabeza el ranking de permanencia de la categoría.

Detrás aparecen Mauricio Pellegrino, en Lanús, con 608 días, y Nicolás Diez, en Argentinos Juniors, con 605. Son tres casos que permiten observar qué ocurre cuando un club decide sostener un proceso más allá de los resultados inmediatos.

Pero el dato más llamativo aparece en la Primera Nacional. Allí se encuentra el ciclo vigente más largo de las tres categorías: Leonardo Fernández lleva alrededor de 1.140 días como entrenador de Colegiales. Lo siguen Carlos Martínez, en Tristán Suárez, con 836 días, y Darío Lemos, en Los Andes, con 690.

En la Primera B Metropolitana, Fernando Scurnik, de San Martín de Burzaco, acumula 697 días y encabeza la lista, seguido por Cristian Giménez, de Sportivo Italiano, y Víctor Fuscaldo, de Villa Dálmine.

La presencia de estos casos muestra que la estabilidad no necesariamente está asociada con el tamaño o el presupuesto del club. También puede ser consecuencia de una dirigencia dispuesta a sostener una idea y construir sobre ella.

El problema de empezar siempre de nuevo

La contracara es mucho más amplia. La permanencia mediana de los entrenadores es de 5,3 meses en Primera División, 4,6 en la B Metropolitana y apenas cuatro meses en Primera Nacional.

En otras palabras, el entrenador argentino promedio tiene poco tiempo para modificar un equipo, incorporar una identidad de juego, trabajar con los juveniles y atravesar los distintos momentos de una temporada.

La Primera Nacional presenta, además, uno de los escenarios más inestables: sólo el 17% de sus técnicos supera el año en el cargo. Paradójicamente, es también allí donde aparece el entrenador con el ciclo más extenso de todo el relevamiento.

En Primera División, en tanto, ningún entrenador alcanza actualmente los dos años consecutivos.

La dinámica afecta especialmente a los clubes que tienen objetivos inmediatos: ascender, evitar el descenso, clasificarse a una copa o responder ante una dirigencia que necesita resultados rápidos. Cada partido termina funcionando como una evaluación del proceso, aun cuando el proyecto haya sido diseñado para desarrollarse durante meses o incluso años.

Y el recambio no siempre garantiza una solución. Un nuevo entrenador suele llegar con la obligación de obtener resultados inmediatamente, mientras hereda un plantel armado por otro cuerpo técnico y con una planificación que puede responder a una idea completamente diferente.

Una cultura de la urgencia

Los datos también permiten observar una característica más profunda del fútbol argentino: la dificultad para convivir con los procesos largos.

Los clubes necesitan resultados porque sus ingresos, objetivos deportivos y, en muchos casos, su propia estabilidad institucional dependen de ellos. Pero la sucesión permanente de entrenadores también tiene un costo: cada salida implica volver a empezar, modificar métodos de trabajo y muchas veces reconstruir la relación con el plantel.

La pregunta, entonces, excede a los nombres propios.

¿Quién pierde más: el club que no respeta un proceso o el entrenador que nunca llega a construirlo?

El relevamiento muestra que los ciclos largos existen, pero son minoritarios. Los 12 entrenadores que superan el año representan apenas una pequeña parte de los 88 clubes observados.

En el resto, la cuenta regresiva parece comenzar desde el primer partido. Y mientras los resultados sigan funcionando como el principal parámetro para medir cualquier proyecto, la continuidad seguirá siendo una de las mayores excepciones del fútbol argentino.

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