La interpretación de los números y la búsqueda de culpables
El destacado y reconocido editorialista, Carlos Pagni, analiza cómo Javier Milei enfrenta el estancamiento económico evitando admitir fallas en su programa, atribuyendo los datos negativos a sesgos metodológicos del Indec o a una economía informal “que vuela”. Al igual que sus antecesores (Menem, De la Rúa y Macri), el Presidente responsabiliza a factores externos o conspiraciones políticas, alejándose de la percepción social reflejada en la caída del Índice de Confianza en el Gobierno.
Respecto a la postura del mandatario frente a los datos duros, Pagni advierte:
“Asegura que los datos hablan de una realidad falsa por errores metodológicos en su elaboración estadística. Para Milei, se está usando un termómetro que anda mal debido a que su programa realizó reformas de tal naturaleza que la metodología empleada para medir lo que sucede resulta anacrónica”.
Rupturas internas y el costo del crédito internacional
El enfriamiento económico alimenta tensiones dentro del oficialismo. Pagni remarca la postura de Patricia Bullrich, quien afirmó que se debe “reelegir el modelo”, sugiriendo que la continuidad de las políticas promercado podría no requerir a Milei como candidato. En el frente financiero, un riesgo país de 628 puntos encarece la emisión de deuda, obligando al Ejecutivo a buscar garantías de organismos multilaterales como el EXIM Bank para proyectos energéticos e ir a la gira de París tras inversiones privadas para sostener la actividad.
Favores corporativos y la interna del peronismo
El estancamiento obliga al Gobierno a otorgar condiciones excepcionales al capital privado, como la prórroga de aeropuertos a Eduardo Eurnekian hasta 2049 o la condonación de deudas eléctricas a distribuidoras. Paralelamente, el peronismo huele oportunidades de poder frente al desgaste oficial: mientras Sergio Massa fustiga a Axel Kicillof, Máximo Kirchner insiste con la postulación de Cristina Kirchner apelando a instancias internacionales. Pagni concluye recordando que la política argentina sigue atrapada en la pasiva expectativa de que el contexto global resuelva sus problemas estructurales.