Acá todo el mundo tiene un psicólogo a mano: el propio, el de una amiga, la prima recién recibida que atiende por Zoom desde el living. Es casi un rasgo nacional, como el mate. Pero este 13 de octubre, Día del Psicólogo, al consultorio le apareció una pregunta nueva: cuántas sesiones se pueden pagar este mes los pacientes.
En Buenos Aires, una sesión cuesta entre $45.000 y $60.000, o más según la trayectoria del terapeuta. Ir una vez por semana implica entre $180.000 y $240.000 por mes: hasta una cuarta parte de un sueldo de $1 millón.
Para tener datos más precisos, entrevistamos a 4 psicólogos de distintas ramas, que trabajan con diferente público: Santiago Mariani, licenciado en Psicología e instructor de mindfulness, con formación en terapias contextuales, cobra entre $50.000 y $60.000; colegas con más formación, dice, andan por los $70.000 u $80.000. Guillermina Peroni, psicóloga cognitivo conductual, terapeuta de pareja y orientadora familiar, habla de $50.000 a $90.000. La psicoanalista Graciela Marzullo pone su piso en $45.000 o $50.000, y Nicolás Mariani, egresado de la UBA, describe un abanico de $40.000 a $50.000, que en instituciones supera los $60.000.
En un contexto de crisis económica como el actual, la reacción más frecuente no es dejar de necesitar terapia — todo lo contrario— sino estirar el tiempo entre sesiones o discontinuarlas.
Un psicólogo cada 64 porteños
Según el último conteo realizado, que publicaron Modesto Alonso y Doménica Klinar (UBA) en 2016 —desde entonces nadie volvió a contar—, casi la mitad de los psicólogos en actividad, unos 48.000, trabaja en la Ciudad de Buenos Aires, donde hay un profesional cada 64 habitantes. Le siguen la provincia de Buenos Aires, con más de 21.000, Córdoba, con 7.400, y Santa Fe, con 6.300. En el otro extremo, Misiones, Chaco y Formosa rondan los 50 cada 100.000 habitantes.
En total, ese relevamiento contó cerca de 98.000 psicólogos activos, es decir 228 cada 100.000 habitantes. La comparación con la región es elocuente: segun datos de la Organización Mundial de la Salud, Colombia tenía 10,7, Chile 5,2 y México apenas 2,1. Incluso Estados Unidos (29,6) o Finlandia (57) quedan lejos.
El propio Alonso advirtió hace años que esa abundancia no se traduce en mejor acceso a la salud mental: lo que pasa generalmente en épocas de crísis es que habrá quienes puedan mantener un tratamiento y quienes se verán obligados a cortarlo. Sin embargo, pacientes sobran.