Qué dice el censo aéreo
El censo aéreo del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR), que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se hizo el 6 de septiembre. Contó 1.375 ballenas, de las cuales 409 eran crías. En 2025 habían sido 2.110.
Según Arrigazzi, los investigadores entienden que esa diferencia “no implica necesariamente una reducción poblacional directa, sino que responde a la combinación de su biología reproductiva y al desplazamiento de los grupos hacia aguas más internas o profundas fuera de la franja costera relevada”. Igual advierte que los números hay que leerlos en contexto, porque la especie atraviesa un evento de alta mortandad y otras amenazas, como la sobrepesca, la contaminación y las colisiones con embarcaciones.
Península Valdés ya vivió una temporada así, aunque de menor escala. En 2012 hubo 116 ballenas muertas, de las cuales 113 eran ballenatos. Fue la peor cifra registrada para la especie en el mundo. Ese año nacieron unas 342 crías, según estimó el biólogo Mariano Sironi, del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), por lo que murió un tercio.
Aquella mortandad tampoco tuvo una explicación definitiva. Entre 2003 y 2012 aparecieron 605 ballenas muertas en las costas de la península, casi el 90% crías, y nunca se encontró una causa única. Este año, las cifras extraoficiales hablan de entre el 70% y el 80% de las crías.