En el marco protocolar de la Cumbre Iberoamericana celebrada en la capital española, Javier Milei y Pedro Sánchez quedaron cara a cara por primera vez, dejando una postal marcada por la rigidez corporal, miradas esquivas y un contacto físico milimétrico que evidenció cierta incomodidad. El escenario del cónclave fue la imponente Galería de las Colecciones Reales, donde las principales autoridades del mundo hispanohablante se dieron cita, pero todas las lentes apuntaban al momento en que el libertario debiera estrecharle la diestra al mandatario socialista.
El contraste visual de la recepción oficial fue demoledor. Mientras el libertario repartió sonrisas francas y complicidad al estrechar la mano de Felipe VI, el gesto se congeló por completo al desplazarse apenas un metro hacia la izquierda, donde aguardaba el anfitrión hispano junto al diplomático Andrés Allamand. El apretón con el titular del Ejecutivo ibérico duró apenas una fracción de segundo, sin cruzar palabra alguna, con los labios apretados y una frialdad protocolar que confirmó que el protocolo institucional sirvió únicamente de biombo para no armar un escándalo mayor a la vista de los mandatarios regionales.
Pegar el faltazo a la gala real y copar la agenda con Santiago Abascal
El líder de La Libertad Avanza ya venía marcando la cancha desde su aterrizaje en suelo europeo. Fiel a su estilo de evitar eventos formales que considera ajenos a su doctrina ideológica, Milei optó por vaciar la gala de apertura en el Teatro Real y faltó a la cena de etiqueta, pegándole un faltazo rotundo a la velada organizada por la monarquía en el Palacio Real. En lugar de sentarse en la mesa compartida con el resto de las delegaciones latinoamericanas, el mandatario argentino prefirió encerrarse en una cumbre privada con su principal socio local, Santiago Abascal, ratificando su alianza estratégica con la conducción del partido Vox.
La previa del desembarco argentino ya venía recalentada por los antecedentes más recientes. Hacía apenas catorce días, en una escala anterior por Madrid, el jefe de Estado criollo había calificado a Sánchez de dictador impresentable ante un auditorio empresarial, dinamitando cualquier puente de acercamiento prudente. Desde el Palacio de la Moncloa no se quedaron de brazos cruzados y salieron a torear al mandatario rioplatense en el terreno digital: el propio presidente español lanzó una contracampaña en redes sociales bajo la consigna de reivindicar el mote de “zurdo” a mucha honra, para luego subir una foto provocadora escuchando ‘Fanático’, la canción de Lali Espósito que apunta directamente contra la figura del economista argentino.
Una novela de agravios mutuos, denuncias de corrupción y embajadas vacías
El detonante inicial corrió por cuenta del ministro ibérico Óscar Puente, quien deslizó en público insinuaciones sobre supuestas adicciones del mandatario sudamericano. La Casa Rosada contestó con un comunicado demoledor apuntando contra la esposa de Sánchez, Begoña Gómez, por las causas judiciales abiertas en los tribunales españoles en torno a presuntos tráficos de influencias y hechos de corrupción comercial.
La bomba atómica diplomática estalló formalmente en mayo de aquel año durante un acto multitudinario de la derecha en territorio madrileño. Subido al escenario partidario, Milei trató abiertamente de corrupta a la primera dama española y acusó a Sánchez de calaña, desatando una crisis de proporciones históricas. Ante la negativa terminante del mandatario argentino de ofrecer disculpas formales o retractarse de sus afirmaciones, el gabinete socialista retiró de forma permanente a su máxima representante diplomática en Buenos Aires, dejando la delegación en manos de encargados de negocios.
Sin marcha atrás: chicanas ideológicas y dos modelos irreconciliables
En lugar de poner paños fríos tras aquel terremoto en las cancillerías, las declaraciones posteriores profundizaron la grieta personal entre ambos protagonistas. Desde Madrid acusaron al mandatario libertario de no dar la talla institucional y de agredir deliberadamente a las instituciones democráticas europeas, mientras que Milei redobló la apuesta tildando de cobarde a Sánchez y comparando su modelo económico con el de Nicolás Maduro, asegurando a quien quisiera escucharlo que no pensaba dar el brazo a torcer ni retractarse de una sola coma.
El fugaz cruce de este jueves demostró que, aunque la diplomacia multilateral fuerce fotos de ocasión bajo los techos de un palacio madrileño, la relación personal y política entre los dos mandatarios permanece absolutamente rota.